Díaz de Terán en Extremadura
Nota del web master: Es mi deseo en este espacio, honrar la memoria de mis antepasados, que, siendo de raíces cántabras y nacidos en Sevilla, llegaron a la ciudad de Zafra en la provincia de Badajoz en el año de 1878. Allí se asentaron y, con mil dificultades, fundaron una empresa que fue bandera de Extremadura y una de las primeras de España en su época.
Espero que con estas notas, escritas por mi abuelo, José Díaz de Terán Fernández, se aclaren dudas sobre la fundación de la empresa antes relacionada y que se denominó DÍAZ DE TERÁN SA, (DITER) con el correr de los años.
1.878
HISTORIA DE TRES GENERACIONES DE CONSTANCIA Y TRABAJO.
Capitulo 1º.- En el día 1º de Febrero de este año, sobre las dos y media de la tarde, llegamos a la población de Zafra habiendo salido de Sevilla el 30 de Enero, D. Manuel Díaz de Terán Rodríguez, mi padre, acompañado de su esposa, mi madre, Dª Mercedes Fernández García, e hijos Dolores Díaz de Terán Fernández, Manuel y José.
La expedición la componían siete carros con útiles, herramientas, enseres domésticos y venía también, como maestro fundidor, un señor llamado Marín, su esposa y dos hijas.
Se echaron en el viaje tres días con parte de tres noches por carretera, pues entonces no había ferrocarriles a esta población.
Veníamos recomendados a D. Constancio Gómez, propietario y vecino de Zafra, el cual le facilitó a mi padre 30.000 reales.
El edificio se componía de dos naves con doblado de madera, tejado de caña y dos corralones divididos por una pared central y a la izquierda tenía varias cuadras con una altura de dos metros y medio con techos de caña.
En el corralón de la derecha había un agujero tan tremendo, vulgarmente llamado en el pueblo como Hoyo Lairón, que baste decir que sacaron de dicho lugar la piedra para hacer la plaza de toros.
Este edificio lindaba por todas partes con el campo o cercado y praderas para el ferial, según plano que acompaño.
Las paredes del cercado tenían de altura 1,20 m. y por el lado derecho lindaba con la plaza de toros.
Llegamos a ésta el día de Santa Brígida y se le puso a la fábrica el antedicho nombre. Mi padre tenía treinta y cinco años y mi madre treinta y cuatro, mi hermano Manuel siete, mi hermana doce y yo dos.
El hoyo del cercado de la derecha, el Hoyo Lairón, cuando llovía se llenaba de agua y era navegable con una pequeña barca de hierro. que teníamos.
Herramientas traídas.-
Un taladro a mano
Un torno con bancada de madera y dos pletinas de hierro para que pudiera correr el cabezal y el punto sin arrollar la madera. El movimiento de dicho torno era con un volante que tenía una canal y una cuerda por correa movido a mano y en dicho torno un punto.
Dos fuelles para la fragua.
Un banco de cerrajero.
Seis tornos.
Seis martillos.
Cinco terrajas.
Dos o tres tentemozos.
Los primeros ocho meses se fueron mientras hacía la fragua y se colocaban las herramientas.
La fundición.-
Un ventilador muy malo.
Un volante de dos, metros de madera con dos maniguetas, el cual movían cuatro hombres. El ventilador tenía cuatro aspas. A mano se dieron las tres primeras fundiciones a la intemperie. Cuando llovía se mojaban las coreas y patinaban y se tenía que parar la fundición.
El horno era un cacho de caldera vieja.
En el año 1880 se dio la primera fundición. La caldera estaba forrada con barro del país y, claro está, se derretía, se obstruían las toberas, que eran de madera, y había que parar.
Las arenas eran del río Bodión, las cajas de madera y el molino de las tierras se movía a mano.
En dicha primera fundición todo salía malo, pues debido a los bichos que contenía la tierra y al no ser porosa "regervian" todas las piezas.
El arriendo del local en 1882 nos costaba ocho reales diarios y el mismo presupuesto le entregaba mi padre a mi madre para comer toda la familia.
Mi padre cuando llegó a esta, antes había sido maestro de cerrajería de los Talleres de Quintana de Sevilla.
Comíamos a la francesa; un puchero de barro con garbanzos, un poquito de tocino, un poquito de morcilla y un poquito de carne, muy poca. La chacina era nuestro segundo plato hecha una "pringá" y de postre un plato de ensalada que costaba 5 céntimos.
Como consecuencia de los desastres producidos en la fundición, el maestro Marín y sus dos hijas se marcharon a Sevilla, y mi padre solo a merced de la cerrajería que le encargaban.
A las diez el almuerzo y a las cinco la comida.
1.883
Había en esta población un taller, con seis o siete operarios, de un señor llamado Rafael Gutiérrez, el cual se dedicaba a hacer de todo, y, naturalmente, los del pueblo lo preferían. La nave donde estaba el ajuste tenía 13 m x 4 m de ancho y 3’20 de altura. Y la fundición un cuadro de 8 m x 8 m. con techo de caña.
En 1883 tenía yo 6 años.
1.884
Sigue mi padre buscando trabajos, los cuales dejaba de noche en la calle y los operarios de Gutiérrez venían a aprender.
La fundición sigue parada, sigue mi padre buscando trabajo por los pueblos viajando en burro.
En esta fecha vino a Zafra un Señor, Religioso del Corazón de María, llamado el Padre Heredero que instituyó el Convento de El Rosario y que, al conocer los trabajos de mi padre, le dijo: "Yo te voy a dar trabajo, todos los púlpitos de la provincia los vas a construir tú.
En 1884 tenía 7 años.
1.885
Sigue la misma situación de trabajo. La pobre de mi madre deseosa de marcharse a Sevilla, pero no pudimos marcharnos por falta de numerario.
Vistos los trabajos de mi padre por los diferentes pueblos de la provincia.
Yo iba a la escuela de Don Joaquín, que era de balde y me mudaron a la de los frailes, Hijos del Corazón de María, que cobraban 2 pesetas mensuales por la enseñanza.
Este cambio lo hizo mi padre como medida diplomática y por gratitud a los trabajos dados por el Padre Heredero, pues si él quería, como así lo hizo, le facilitaría bastante trabajo. No obstante estábamos sin podernos mover materialmente, en un pueblo extraño y en el que, como dice vulgarmente el refrán: "Contra el forastero el pueblo entero".
Mi hermano era muy habilidoso.
1.886
Mi padre buscaba trabajo por los pueblos forasteros viajando en burro. Yo siguiendo en la escuela de los frailes. Comienza mi padre a construir púlpitos, cuyos fundidos traía mi padre de Sevilla.
Se empieza a hablar de la vía y del ferrocarril, si lo querían llevar de Los Santos a Usagre sin pasar por Zafra, pero, debido a un diputado a Cortes, llamado Don Nicolás Hurtado, se consiguió que pasara por esta población. Comienzan ya a construir el ferrocarril de Zafra a Sevilla y mi padre sigue trabajando para la Iglesia de Almendralejo. Yo tenía ya diez años cumplidos y sigo en la escuela del Corazón de María.
1.887
Mi padre le daba lecciones a mi hermano, pero, como estaba dándole al fuelle durante el día, solo podía darle lecciones durante la noche. Sigue mi padre trabajando para los pueblos con mi hermano y dos o tres aprendices que entraron de esta localidad.
Como no almorzábamos a las horas del pueblo, me daba mi madre un cuarto o dos ochavos y compraba con este dinero dos porras de jeringos de la Plaza Chica.
1.888
Piensa mi padre poner de nuevo en marcha la fundición con un malacate y dos mulas, pero, tanto las transmisiones como las correas, todo estaba a la intemperie y, cuando fundíamos y llovía o le entraba ganas de orinar a una de las caballerías, se paraba el ventilador y si se mojaba la correa pasaba lo mismo y teníamos que parar. Trajimos otro maestro que se llamaba Manuel Fercor.
1.889
Seguía de nuevo marchando la fundición, pero, debido alas tierras del Bodión, salían muchísimas piezas malas, se derretía el barro refractario del horno, daba una cantidad tremenda de escoria, el hierro salía frío y, además, de mala calidad pues no conocíamos el lingote y fundíamos con hierro viejo, granadas de la Guerra de la Independencia traídas de La Albuera (Badajoz), del combate librado con los franceses.
Primer trabajo serio: La verja del cementerio de Barcarrota. Después de tres meses de enfermedad que tuvo mi padre con calenturas terciarias, fue a colocar la verja a Barcarrota, le da un ataque de terciarias en esta ciudad y urgentemente lo traen a Zafra en un coche de caballos. Don Isidro Azul, médico de esta, le puso una inyección de clorhidrato sulfato de quinina y se puso bueno.
1.890
Se vienen a trabajar dos bocafraguas buenos de Fregenal de la Sierra, llamados Ignacio López y Raimundo López.
Con unos carriles que compramos en las minas de Hornachos construyó mi padre un tinglado de chapa para proteger las correas y tablado de la fundición. (Las minas son de mercurio)
1.891
CHARADAS Y ANÉCDOTAS DE MI VIDA
ROBO DE LA GALLINA HECHO POR UN TAL RIQUITRUN Y UN TAL PEPÓN
En el año antes dicho, en el local de la fundición, que era un corralón con paredes bajas, teníamos mi hermano y yo un gallinero con unas cien gallinas.
Hay que decir que como las paredes eran muy bajas, entraban todos los que querían, y un día oí a uno de los operarios decir: "que buenas gallinas, estas el día menos pensado desaparecen". Y yo dije para mi: " Y el que se las va a llevar vas a ser tu".
Contiguo a este corral había unas cuadras que se hicieron casitas donde vivían dos o tres obreros de la casa. Un día desaparecieron las gallinas y, al venir la Guardia Civil a decirme: ¿Tiene Ud desconfianza de alguien?, digo: Sí, de Riquitrun. Lo llevaron al Cuartel y a la media hora vienen y me dicen a mi: "Se ha equivocado Ud. es una persona honrada".
En otra de las casitas vivía la familia del tal Pepón, ratero de profesión, pero se le muere el adre y mi padre, que era muy caritativo, dice: "Pobrecito hombre, vamos a pagarle el entierro y féretro", como así lo hicimos.
Pasado esto, el domingo de Cuasimodo, que se celebra en esta la fiesta de la Virgen de Belén, el tal Pepón se emborrachó y confesó que "quien ha robado las gallinas he sido yo".
Mi padre, que era muy listo, le dice a la Guardia Civil: " Yo no lo creo porque hemos hecho esto con su padre, traédmelo y quitadle las esposas". Cuando lo tuvo delante le dijo:" De manera que tú has venido a robar las gallinas, yo no puedo creer que tú seas el ladrón de mi casa", y entonces contestó el tal: " yo no soy ladrón". "¿ Pues no dices que has robado las gallinas"?. "Sí, pero es que yo, como soy tan aficionado, supe que las iban a robar otros y me vine detrás de ellas, pero cuando yo llegué, otro salía ya". "Cogieron la mitad de las gallinas, las hicieron un manojo y las tiraron fuera de la tapia, y yo, que estaba allí viéndolo, cogí las gallinas que tiraron, me las eché al hombro y las vendí en La Puebla de Sancho Pérez, de donde resulta que hay esto de que un ladrón roba a otro ladrón y tiene cien años de perdón.
Este Pepón no quiso participar en el robo, aunque se lo propusieron, pues estaba agradecido a mi padre, pero no pudo resistir ver como el tal Riquitrun y un tal Peleque hicieron dos manojos de gallinas, el primero lo tiraron fuera de la tapia, momento que aprovechó Pepón.
1.892
Adjunto de como estaban todavía los corrales y cuadras, en las cuales el señor Roger había hecho casas para los pobres dando vistas a la carretera de la estación, pues ya empezaban a circular los coches.
Seguimos fundiendo, con lentitud aumenta el trabajo de cerrajería. Empezamos a construir las cajas de machos para hacer las cañoneras de carro. Se cierra el taller de Rafael Gutiérrez y todos los operarios se vienen a este taller. Traemos algunas tierras de Sevilla, carbón de Kok y algún lingote, pues, aunque el hierro de las minas de Hornachos era bueno, debido al poco silicio, salian las piezas rechupadas.
1.893-1.894
Tenía yo 16 años. La limpieza de la fundición la hacíamos a mano con escobillas de acero quitándole las arenas y los chinos. Las macollas y adornos pequeños se hacía en un bombo pequeño echándole escorias de las fraguas, le dábamos vueltas y se limpiaban unas contra otras.
El cernido del carbón y de las tierras los hacíamos a mano y, para no tragar el polvo, nos poníamos un pañuelo en la boca.
Se marcha el nuevo fundidor quedándonos sin maestro. Yo tenía 17 años y me dice mi padre que hay que cerrar la fundición hasta que venga otro maestro, y yo, que tengo muchísimo amor propio, le dije a mi padre: ¿"Papá, por qué no me deja usted a mi de maestro"?, a lo cual me contestó: ¿Tu te atreves"?. "Yo sí". "Pues sigue de maestro".
Me traje a unos cuantos del campo a mis órdenes, entre ellos Manuel Ramirez Tordolla, que era hortelano en una huerta del Rincón, Pámpano, que era del campo y fue maestro de la Metalúrgica de Badajoz, y varios más, difíciles de enumerar. El primero fue padre del que puso la fundición en Mérida.
De los primeros trabajos que hice en Mérida fueron el palacio de los Pacheco y el Casino de Mérida. El Casino de Zafra, en Valencia del Ventoso la casa de los Porra y, por un azar de la vida, el Teatro de la Guerrero y Mendoza en Buenos Aires, y muchísimos más en distintas provincias.
desde este momento empieza la buena suerte. Hicimos trabajos en latón y bronce en gran cantidad para los alambiques de aguardiente de Almendralejo y de toda la provincia de acuerdo con un calderero que había en dicha población, llamado Victor Lapauzude (Italiano). Yo fundía el bronce y el metal en dos hornos con dos crisoles de cuarenta libras cada uno.
En dicha época tuvimos un momento de desacierto, pues Don Carlos Pacheco, de Mérida, y su Srª la Condesa, nos quisieron llevar a dicha población pagándonos todos los gastos y dándole a mi padre un local próximo a la estación y a la fábrica de corcho, lo cual hubiera sido un acierto, pues Mérida reúne grandísimas ventajas sobre Zafra, entre ellas las siguientes: Buenas arenas para la fundición, nudo ferroviario de primer orden, pues circulan los ferrocarriles Mérida -Madrid, Mérida-Cáceres. Además la dicha población está rodeada de pueblos como Puebla de la Calzada, Calamonte, Almendralejo, Villafranca y Torremejías y Zafra está rodeada de pueblos de menos importancia relativamente.
ANÉCDOTA.- El padre de los Doblas, que tenía una joyería el la calle de Sevilla de esta ciudad, sabía que yo me dedicaba a platear y dorar, yo tenía 17 años y mi padre me daba un duro semanal para todos los gastos, y un día me dice: "Oye Terán, mira que brillante más bonito, llévatelo" y yo le dije: "Bueno, ¿y esto qué vale?", "Pues cuarenta duros", "y ¿cuando voy a pagar esto?". "Llévatelo, tu me lo pagas cuando quieras".
Para poderle pagar, yo que nunca he fumado ni bebido, compré 25 o 30 ballestas y me iba a la madre del agua a cazar pájaros para ahorrar el duro y entregárselo a Doblas semanalmente, es decir, cuarenta semanas cazando pájaros para pagar la sortija, la cual tiene hoy mi hija y le llama: "Papá, la sortija de los pájaros"
1.895
La plantilla se componía de 30 obreros. Empezamos a construir modelos de columnas de madera con un carpintero llamado Leandro. Nos quitó Roger un trozo de fachada pues por todos los medios que nos marcháramos. Ya tenía 18 años.
1.896
Toda nuestra familia se tuvo que reducir a dos habitaciones. Construye mi padre la primera máquina de moldear a mano. Me gustaba el cante y llegué a ser tenor en un orfeón que hubo en el círculo mercantil de esta población, yo tenía buena voz y me enseñaron algo de música y cantaba dando las notas necesarias.
Teniendo en cuenta que yo nací en la ciudad de Sevilla en el 1877, el 12 de Julio a las 8'30 de la noche, tenía por tanto 19 años, empecé a enfermar de fundir tanto bronce y metal, y mi padre me mandó a Llerena con mi hermana Dolores, que estaba casada con un factor de ferrocarril apellidado Vicente.
Una noche cogí a mis sobrinos y los llevé a la plaza pública, donde había unos cristobitas, tocaba el tambor el pobre hombre y él solo constituía la compañía. La puerta estaba llena de chiquillos y yo le pregunté: "Da usted pronto la función?" y me contestó, "a ver si entra alguien", "¿ pues a como es la entrada?" y me contestó que a perra gorda, o sea a diez céntimos, y yo dije: "¿Qué pueblo es este?, ahora mismo va a dar usted la función". Conté hasta setenta muchachos y di las siete pesetas. Calcule usted como estarían conmigo y mis sobrinos. Pero es el caso que al otro día, por donde quiera que iba se escuchaba: "madre, madre, ahí viene el tío forastero que nos metió anoche a todos". Y me hice célebre por siete pesetas.
Yo, que soy bastante descarado, al preguntarme el señor alcalde que si me gustaba Llerena le dije que no, que había mucha miseria, y le conté lo sucedido.
Posteriormente mi padre, que era muy cariñoso, sabiendo que me gustaba el cante, me compró un fonógrafo Edison que en vez de ser de placa, como son hoy los fonógrafos, eran tubos de cera y había algunos de un cantador de mucha fama que había en Madrid llamado el Mochuelo y yo le cogí el cante y entonces mi padre me dijo: "Vete a Murcia y Alicante a ver si mejoras". Me sacó un kilométrico de 2000 kilómetros.
Monto en el tren en esta, en primera clase, y me encuentro un señor muy respetable. Yo sabía cantar regular, y al verlo dije: "¿Qué voy a hablar yo con este señor"?. Yo llevaba un bastoncito de mimbre y, en el tren, por lo bajo me pongo a tararear yo solito haciendo la salida de los tangos del tiento, y se queda mirándome el señor y me dice: "¿Va usted muy lejos"?, digo, "voy a Murcia", "que casualidad, allí voy yo también, ¿Porqué no te vienes conmigo y te voy a enseñar el Gran Casino de Murcia, que es el mejor de España?". El antes dicho señor era el subdirector de los ferrocarriles.
Nos hospedamos en el hotel de la calle Trapería, cerca del Gran Casino, y. al entrar en dicho casino, diez o doce que íbamos, entre ellos yo, me encuentro un tablado en el patio y un cantaó de flamenco con una guitarra: El pobre lo hacía medianamente; yo cantaba bastante mejor y el subdirector me dijo: "¿Quiere usted que le gastemos una broma a este cantaó con usted"? y yo le contesté: "Bueno está". Usted diga que sí a todo. Acaba de cantar el cantaó y lo llama el antes dicho señor y le dice por lo bajo: "Si tu supieras quien es ese que está ahí....", "¿Quien es?" preguntó el cantaó. "El Mochuelo de Madrid". Se dirige a mi y, como el Mochuelo se llamaba Antonio de nombre, me dice dándome la mano: "Don Antonio, tanto gusto en conocerlo" y le contesté: "Muchas gracias, el gusto es mío". "¡Si yo cantara como usted!" me dice; cantaba y luego se acercaba a mi y me decía: "Hágame usted una salidita por lo bajo para aprenderla", y le contesté: "Bueno, una nada más, eh. ¿Cual quieres?". "Hágame usted la salida de los tangos del tiento". "Arrímate" y hago la salida, y al hacerla dice: "Ay mi madre".
Nos marchamos al hotel, y a la hora de estar en el mismo llega una comisión de señoritas y me dicen lo siguiente: "Confidencialmente hemos sabido que está usted aquí en Murcia y nosotras (unas diez vendrían) tenemos muchísimo gusto que mañana venga usted con nosotras al parque". Yo quise excusarme, pero el señor subdirector, que estaba presente, me hacía muestras con la cabeza de que aceptase. Por fin accedí a las señoritas y al día siguiente se presentó en el hotel una jardinera con una jaquita con muchos cascabeles. "Vamos señor, me dijo el cochero, vamos". Me monté, pasamos el puente y llegamos al parque. Allí me encontré con una mesa, lo menos seis metros de larga, muy bien puesta y diez o doce señoritas y caballeros de lo mejor de Murcia que, al llegar mi jardinera, se ponen en pie y empiezan a aplaudir. Yo me quedé sorprendido, pero ya lógicamente tuve que pasar por el Mochuelo. Me dieron el sitio preferente en la mesa, una gran comida y, al terminar la misma me dicen: "Bueno, cántenos usted algo", a lo cual yo contesté: "Pidan ustedes lo que quieran, malagueñas, peteneras, murcianas, carceleras, tangos, jotas, en fin lo que quieran": Me pidieron una jota y, como fui tenor del Orfeón de Zafra que cantaba una jota muy bonita, la canté, más dos soleares, y al cantar estas tres piezas dije: "Nada más", y me dicen: "Suponemos que no viene usted en plan de decir que no". "No señores". "Pues nosotras tenemos mucho gusto en que acepte usted este pollo tostado para que se lo lleve para el viaje". El cual acepté con mucho gusto. Al llegar al hotel con el pollo me dice el subdirector: "De manera que después de una buena comida le han dado un pollo". "Usted ha tenido la culpa que me ha comprometido".
1.898
Le propusimos al señor Roger comprarle algún terreno, cosa que no aceptó y, lejos de vendernos, nos sube la casa y nos quita otro trozo de corral. Yo, debido a mi amor propio, trabajaba y sufría, pues quería que el taller siguiera adelante. Ya tenía algunos modelos de columnas, pero no teníamos grúas ni carros y levantábamos las cajas a mano, sin espigas clavadas en el suelo.
1.899
Mi padre compró a Dª Florentina, Condesa de la Corte, 1.440 m. de terreno de un cercado que lindaba con la fábrica en 1.000 Pts. y se construyeron las dos naves donde está el ajuste, fragua y mecánica.
La construcción con piedra y barro la hizo un paredero, llamado Laine, bajo la dirección de mi padre. En un viaje que hizo mi padre a Sevilla a mediados de este año, compró una grúa vieja de madera a un tal Carlos Cironi de un taller que habían cerrado.
Las columnas las hacíamos media contra moldeada en el suelo y la otra media en una vigueta de hierro fundido y de espiga servían unos clavos. Al montar la grúa tuvimos que hacer un hoyo grande en el suelo, pues el local no daba la altura. Una vez montada, aunque la grúa no fuese buena, empecé a ponerme gordo, pues el que tiene amor propio sufre muchísimo saliendo malas las piezas de fundición; el que sea fundidor se dará cuenta de lo difícil que es sacar una columna de cuatro o cinco metros y levantarla a mano. Nosotros las levantábamos entre diez u ocho hombres con palancas. Ya construía paños de baranda de hasta un metro cuadrado, las cajas las hice con espigas y tenían dos mangos gordos; con un balancín les daba la vuelta.
1.901
Enterado el señor Roger de la compra a la Sra. Condesa, nos brinda el hoyo Lairón. En este hoyo está construida la fundición que hoy existe. En algunos sitios tiene una profundidad de 4'50 m. y los muros, que tuve que construir, 1'50 m de cal y piedra, dirigidos por mi, José Díaz de Terán, hasta la altura del suelo, y de ahí en adelante 70 cm. de grueso hasta el tejado.
La grúa, que era de madera, tenía el árbol central podrido y se encontraba en muy mal estado, y mi padre trajo una viga de pino de tea de Sevilla, de 5 m de largo y de 1.50 m de ancho por sus caras. Teníamos un torno de 5 m de entre punto, y mi padre, que era muy habilidoso, la tendió encima de la bancada y le hizo los dos puntos o bulones magníficamente hechos.
1.902
Para construir mi pare las dos naves de ajuste, hubo que rebajar el terreno que estaba un metro más alto que la carretera de la estación, y, para que se den ustedes cuenta de la profundidad del hoyo Lairón, los 1,440 m2 que le compramos a la Sra Condesa, más toda la calle Pasaje de la Feria, que tenía la misma altura, todo se echó al referido hoyo y estuvimos 30 hombres echándole tierra. Se echaron 4.200 m3 de tierra, más los 24 años de existencia de basuras y despojos, que en total suman unos 6.500 m3.
1.903
Terminadas las naves de ajuste y cerrajería, compramos un trozo de terreno al Ayuntamiento junto a la Plaza de Toros y construimos una nueva fundición, hoy talleres de rodaje de los motores que fabricamos.
1.904
Siguen los trabajos de albañilería. Mi hermano Manuel hacía 18 años que estaba trabajando. Compra mi padre algunas herramientas nuevas.
Al siguiente año me enamoré de la que hoy es mi esposa. Siguen su curso normal las construcciones. Compra mi padre un cepillo viejo de 1,80 metros de recorrido en la antigua casa San Clemente, una máquina de vapor Marsan de 10 H.P. y una caldera de 14 caballos, un torno paralelo de 1 m, tres más del mismo tamaño más uno inglés de 5 m entre punto.
1.907
Yo tenía 30 años y Eusebia 18, nos casamos el 28 de Noviembre a las 9 de la noche y me fui a vivir frente al Salón Romero pues mi padre y mi hermano seguían viviendo en la vieja casa. Construcción de una nueva fragua y carpintería en el nuevo solar. Hubo huelga de fundidores de Sevilla y tuve que construir en esta los adornos del teatro La Guerrero y Mendoza de Buenos Aires.
1.908
El día 24 de Agosto nació mi hijo Eduardo. Mi hermana vive con su esposo, jefe de estación de Alanís, lleva una vida precaria y nosotros le mandábamos cuanto podíamos. Se termina el nuevo taller de fundición y nos trasladamos al mismo.
Construimos el herraje de las casas de Don Alfonso Gómez y de Don Antonio Meca en el Pilar Redondo. Compró mi padre dos buenas estriadoras y una buena pulidora y estriábamos para varias provincias.
Yo sigo trabajando con más ahinco, pues con hijos ya y queriendo mucho a mi esposa todo se me hace poco y trabajaba de dia y de noche. Se termina la nueva fundición y empezamos a trabajar en los nuevos talleres con buenos ventiladores, con buenas cucharas y mejor horno.
1.910
Con 33 años hicimos las armaduras del Salón Romero y todo el herraje del garaje de la estación de autobuses de Almendralejo. Por estas fechas hacíamos prensas para vino de varios tipos, norias de cuatro clases, puertas de amasadoras, refinadoras para las panaderías movidas por caballerías y estrujadoras de 3 y 4 cilindros.
Hacíamos también gran cantidad de fundidos para las ferreterías, inodoros de patios, cañoneras para carros, molinos aceiteros con sus falanges y cerrajería artística árabe, gótica y renacentista.
El 11 de Octubre nació mi hijo Manuel.
Trajimos a mi sobrino de Alanís por lástima y resultó una desgracia. Lo pusimos de cajero y se extraviaron 1000 pesetas no sabemos cómo. Después en su vida me hizo todo el daño que pudo, pues debido a estar desequilibrado no sabía lo que hacía.
Más adelante, en 1928, mandó su madre a su tío una carta ofreciéndole la mitad de la fábrica en 200.000 pesetas. El fundador, Manuel Díaz de Terán Rodríguez, y sus hijos, Manuel y José, acordaron que la mitad de la fábrica la compraran entre su tío y José Antonio Vicente. Este individuo, y por consejo de su mujer y sin seguir los consejos del fundador, y a espaldas de su tío, compró la mitad de la fábrica, y en el día 28 de Septiembre de 1928 se constituyó la Sociedad Díaz de Terán y Vicente, cuyo capital social, contando edificios, maquinaria, reserva, cuentas bancarias, almacén de hierro y madera era de 400.000 pesetas.
El Sr. Vicente le pidió dinero a la Condesa de Rojas y plazo a su madre y heredarla en vida quedándose con un tercio de la empresa pues eran tres hermanos. Por disparidad de criterios, maltratos a los clientes de la fábrica y a los operarios surgieron muchos disgustos. Como en uno de los capítulos de la Sociedad se especificaba que dichos desacuerdos serían resueltos por amigables componedores y habiendo surgido esta cuestión, acordaron en Zafra a 8 de Noviembre de 1932 que no podíamos seguir viviendo juntos y que la única solución era subastársela ante el Notario la mitad de la fábrica. Me propuso mi sobrino la venta por 300.000 pesetas ante el Notario y testigos y testigos siendo que la escritura decía 200.000 pesetas antes de firmarla con pago que hizo a la señora Condesa de Rojas y dejando el almacén de maderas y de hierros.
El 4 de Octubre de 1932 en la casa de su tío, Don Manuel Díaz de Terán Rodríguez, y ante testigos, Don Eduardo de la Guardia, Don Aurelio Sánchez, su tío Manuel, acordaron la venta de la mitad de la fábrica, que valía entonces 150.000 pesetas, en principio en 246.000 pesetas, amortizando 2000 pesetas mensuales después de darle de presente 50.000 pesetas, co9n un interés del 5’5 %. Antes de dicha reunión medió el Sr. La Guardia y estableció el 5 % de interés queriendo mi sobrino el 6 %.
El 12 de Octubre de 1932 se firmaron las escrituras de compraventa y préstamos hipotecarios en la casa del Sr. Vicente en la Plaza de Álvarez Guerra.
Cuando llegaron los incidentes del 14 de Abril de 1934 faltó el trabajo, los operarios no trabajaban pues decían tener orden de arruinarnos y no podía pagar, supliqué a mi sobrino que me diera una moratoria. No me la concedió y, lejos de esto, me llevó a los tribunales con objeto de quedarse con las 50.000 pesetas, pues había establecido en la venta la condición del retro. Me demandó en Sevilla, cuyo asunto se lo encomendé a Don José Monje Bernal, abogado y a Don Francisco de Góngora y Aguilar, procurador.
Gracias al Sr., Monje, un caballero, el 26 de Agosto de 1934 y, habiéndome escuchado a mi, me propuso ir a Lisboa, adonde se había ido huyendo mi sobrino, y le hizo firmar una moratoria por seis meses. A los dichos seis meses le pagué las 12.000 pesetas atrasadas, los intereses de toda la deuda y los intereses de los intereses. Posteriormente pedí un crédito en el Banco Hispano Americano y me concedieron una hipoteca.
Como detalle curioso acompaño una historia de todo lo sucedido.
1.911
Mi padre, Manuel Díaz de Terán Rodríguez, repartió su capital antes de retirarse, cuyo documento decía así:
El capital líquido son 185.266 pesetas, y de dicha cantidad corresponde a los varones por haber estado trabajando sin sueldo:
A mi hijo Manuel 69.750 pesetas
A mi hijo Pepe 69.750 “
A mi hija Dolores 45.755 “
TOTAL 185.255 “
Y yo, José Díaz de Terán Fernández, en mi deseo de no perjudicar a mi hermana, convencí a mi padre para que le pusiera igual que a nosotros
Año 1.913
Preludio de la Gran Guerra. Mi hermano, que vive soltero, no quiere seguir en el negocio y con una pensión anual de 150.000 pesetas, que nos exigió mi padre, para los dos y el tanto por ciento del negocio vivían bien en el Campo de Sevilla, hoy Farmacia de Galán.
Año 1.914
Estalla la Gran Guerra. Mi hermano se llena de miedo suponiendo que podíamos entrar en guerra y, lleno de miedo, nos vendió a mi hermana y a mí la tercera parte de la fábrica en 1915 en la cantidad de 80… pesetas a pagar en cuatro años con intereses del 5 %, cosa que efectuamos mi hermana y yo.
En un año subieron las existencias que teníamos de hierro y madera y no entramos en guerra.
Año 1.915
Compramos a Roger el resto del terreno en 26.000 pesetas, pagamos a mi hermano las 80.000 pesetas y levantamos un muro y puerta falsa en 5.600 pesetas. Total 111.600 pesetas. Me quedé en la fábrica como gerente ganando siete pesetas diarias. A mi sobrino le daba su madre el 20 % de lo que ganaba además del sueldo de 7 pesetas, como a mí.
Año 1.916
Caímos mi hermana y yo los antiguos talleres. Yo seguía viviendo frente al Salón Romero.
En esta fecha construí dos hermosas casas con cuatro viviendas, cuatro salas de baño, cuatro cocinas económicas, cuatro instalaciones de agua y electricidad. Las dos escaleras de mármol con 1’30 m de azulejos, las cuales me costaron 148.500 pesetas, que divididas entre dos sale a 74.250 pesetas. Cuya casa sigue siendo hoy de mi sobrino.
Mi madre, Mercedes, murió el 15 de Septiembre de 1916. Compré la cerca de la estación en 5.000 pesetas y tiene 6.000 m2.
Nació mi hijo Pepe el 4 de Febrero de 1916.
Año 1.919
El día 31 de Marzo nació mi hija Mercedes. Compramos otra máquina de estirar en 6.000 pesetas una nueva pulidora en 3.000 pesetas, una grúa vieja en 1.000 pesetas.
Año 1.921
Tenía yo 44 años.
Retiramos los socios 20.000 pesetas: 10.000 para mi hermana y 10.000 para mí. Yo cobraba 7 pesetas como gerente.
Aumentamos el capital de 219.228 pesetas a 722.546.
Desde al 14 de Diciembre hasta el 15 de Enero estuve muy grave, intoxicado al parecer con cianuro potásico, pues al beber en un botijo que tenía, noté un gusto a botica.
Sospeché que uno que me quería mal quería quitarme del medio, cómo estuvo a punto de conseguir.
Vino de Badajoz Don Regino de Miguel el 9 de Enero y me dijo: “Estaba intoxicado”. Costó el viaje 500 pesetas, y de la sangre que perdí no pude ir a la fábrica hasta el 20 de Febrero apoyado en mi mujer, pues no me podía tener en pie.
