Díaz de Terán en Extremadura


Nota del web master: Es mi deseo en este espacio, honrar la memoria de mis antepasados, que, siendo de raíces cántabras y nacidos en Sevilla, llegaron a la ciudad de Zafra en la provincia de Badajoz en el año de 1878. Allí se asentaron y, con mil dificultades, fundaron una empresa que fue bandera de Extremadura y una de las primeras de España en su época.

Espero que con estas notas, escritas por mi abuelo, José Díaz de Terán Fernández, se aclaren dudas sobre la fundación de la empresa antes relacionada y que se denominó DÍAZ DE TERÁN SA, (DITER) con el correr de los años.


                                                                                                                     1.878

                                    HISTORIA DE TRES GENERACIONES DE CONSTANCIA Y TRABAJO.

 

Capitulo 1º.- En el día 1º de Febrero de este año, sobre las dos y media de la tarde, llegamos a la población de Zafra habiendo salido de Sevilla el 30 de Enero, D. Manuel Díaz de Terán Rodríguez, mi padre, acompañado de su esposa, mi madre, Dª Mercedes Fernández García, e hijos Dolores Díaz de Terán Fernández, Manuel y José.

La expedición la componían siete carros con útiles, herramientas, enseres domésticos y venía también, como maestro fundidor, un señor llamado Marín, su esposa y dos hijas.

Se echaron en el viaje tres días con parte de tres noches por carretera, pues entonces no había ferrocarriles a esta población.

Veníamos recomendados a D. Constancio Gómez, propietario y vecino de Zafra, el cual le facilitó a mi padre 30.000 reales.

Se estableció la fábrica a la entrada de este pueblo, en un lugar que se conocía como Campo de Sevilla, en un local que había sido almacén de corcho propiedad de D. José Roger (Catalán).

El edificio se componía de dos naves con doblado de madera, tejado de caña y dos corralones divididos por una pared central y a la izquierda tenía varias cuadras con una altura de dos metros y medio con techos de caña.

En el corralón de la derecha había un agujero tan tremendo, vulgarmente llamado en el pueblo como Hoyo Lairón, que baste decir que sacaron de dicho lugar la piedra para hacer la plaza de toros.

Este edificio lindaba por todas partes con el campo o cercado y praderas para el ferial, según plano que acompaño.

Las paredes del cercado tenían de altura 1,20 m. y por el lado derecho lindaba con la plaza de toros.

Llegamos a ésta el día de Santa Brígida y se le puso a la fábrica el antedicho nombre. Mi padre tenía treinta y cinco años y mi madre treinta y cuatro, mi hermano Manuel siete, mi hermana doce y yo dos.

El hoyo del cercado de la derecha, el Hoyo Lairón, cuando llovía se llenaba de agua y era navegable con una pequeña barca de hierro. que teníamos.

Herramientas traídas.-

Un taladro a mano

Un torno con bancada de madera y dos pletinas de hierro para que pudiera correr el cabezal y el punto sin arrollar la madera. El movimiento de dicho torno era con un volante que tenía una canal y una cuerda por correa movido a mano y en dicho torno un punto.

Dos fuelles para la fragua.

Un banco de cerrajero.

Seis tornos.

Seis martillos.

Cinco terrajas.

Dos o tres tentemozos.

Los primeros ocho meses se fueron mientras hacía la fragua y se colocaban las herramientas.

La fundición.-

Un ventilador muy malo.

Un volante de dos metros de madera con dos maniguetas el cual movían cuatro hombres. El ventilador tenía cuatro aspas. A mano se dieron las tres primeras fundiciones a la intemperie. Cuando llovía se mojaban las coreas y patinaban y se tenía que parar la fundición.

El horno era un cacho de caldera vieja.

En el año 1880 se dio la primera fundición. La caldera estaba forrada con barro del país y, claro está, se derretía, se obstruían las toberas, que eran de madera, y había que parar.

Las arenas eran del río Bodión, las cajas de madera y el molino de las tierras se movía a mano.

En dicha primera fundición todo salía malo, pues debido a los bichos que contenía la tierra y al no ser porosa "regervian" todas las piezas.

El arriendo del local en 1882 nos costaba ocho reales diarios y el mismo presupuesto le entregaba mi padre a mi madre para comer toda la familia.

Mi padre cuando llegó a esta, antes había sido maestro de cerrajería de los Talleres de Quintana de Sevilla.

Comíamos a la francesa; un puchero de barro con garbanzos, un poquito de tocino, un poquito de morcilla y un poquito de carne, muy poca. La chacina era nuestro segundo plato hecha una "pringá" y de postre un plato de ensalada que costaba 5 céntimos.

Como consecuencia de los desastres producidos en la fundición, el maestro Marín y sus dos hijas se marcharon a Sevilla, y mi padre solo a merced de la cerrajería que le encargaban.

A las diez el almuerzo y a las cinco la comida.

 

                                                                                              1.883

Había en esta población un taller, con seis o siete operarios, de un señor llamado Rafael Gutiérrez, el cual se dedicaba a hacer de todo, y, naturalmente, los del pueblo lo preferían. La nave donde estaba el ajuste tenía 13 m x 4 m de ancho y 3’20 de altura. Y la fundición un cuadro de 8 m x 8 m. con techo de caña.

En 1883 tenía yo 6 años.

 

                                                                                              1.884

Sigue mi padre buscando trabajos, los cuales dejaba de noche en la calle y los operarios de Gutiérrez venían a aprender.

La fundición sigue parada, sigue mi padre buscando trabajo por los pueblos viajando en burro.

En esta fecha vino a Zafra un Señor, Religioso del Corazón de María, llamado el Padre Heredero que instituyó el Convento de El Rosario y que, al conocer los trabajos de mi padre, le dijo: "Yo te voy a dar trabajo, todos los púlpitos de la provincia los vas a construir tú.

En 1884 tenía 7 años.

 

                                                                                              1.885

Sigue la misma situación de trabajo. La pobre de mi madre deseosa de marcharse a Sevilla, pero no pudimos marcharnos por falta de numerario.

Vistos los trabajos de mi padre por los diferentes pueblos de la provincia.

Yo iba a la escuela de Don Joaquín, que era de balde y me mudaron a la de los frailes, Hijos del Corazón de María, que cobraban 2 pesetas mensuales por la enseñanza.

Este cambio lo hizo mi padre como medida diplomática y por gratitud a los trabajos dados por el Padre Heredero, pues si él quería, como así lo hizo, le facilitaría bastante trabajo. No obstante estábamos sin podernos mover materialmente, en un pueblo extraño y en el que, como dice vulgarmente el refrán: "Contra el forastero el pueblo entero".

Mi hermano era muy habilidoso.

 

                                                                                              1.886

 

Mi padre buscaba trabajo por los pueblos forasteros viajando en burro. Yo siguiendo en la escuela de los frailes. Comienza mi padre a construir púlpitos, cuyos fundidos traía mi padre de Sevilla.

Se empieza a hablar de la vía y del ferrocarril, si lo querían llevar de Los Santos a Usagre sin pasar por Zafra, pero, debido a un diputado a Cortes, llamado Don Nicolás Hurtado, se consiguió que pasara por esta población. Comienzan ya a construir el ferrocarril de Zafra a Sevilla y mi padre sigue trabajando para la Iglesia de Almendralejo. Yo tenía ya diez años cumplidos y sigo en la escuela del Corazón de María.

 

                                                                                              1.887

Mi padre le daba lecciones a mi hermano, pero, como estaba dándole al fuelle durante el día, solo podía darle lecciones durante la noche. Sigue mi padre trabajando para los pueblos con mi hermano y dos o tres aprendices que entraron de esta localidad.

Como no almorzábamos a las horas del pueblo, me daba mi madre un cuarto o dos ochavos y compraba con este dinero dos porras de jeringos de la Plaza Chica.

 

                                                                                              1.888

Piensa mi padre poner de nuevo en marcha la fundición con un malacate y dos mulas, pero, tanto las transmisiones como las correas, todo estaba a la intemperie y, cuando fundíamos y llovía o le entraba ganas de orinar a una de las caballerías, se paraba el ventilador y si se mojaba la correa pasaba lo mismo y teníamos que parar. Trajimos otro maestro que se llamaba Manuel Fercor.

 

                                                                                              1.889

Seguía de nuevo marchando la fundición, pero, debido alas tierras del Bodión, salían muchísimas piezas malas, se derretía el barro refractario del horno, daba una cantidad tremenda de escoria, el hierro salía frío y, además, de mala calidad pues no conocíamos el lingote y fundíamos con hierro viejo, granadas de la Guerra de la Independencia traídas de La Albuera (Badajoz), del combate librado con los franceses.

Primer trabajo serio: La verja del cementerio de Barcarrota. Después de tres meses de enfermedad que tuvo mi padre con calenturas terciarias, fue a colocar la verja a Barcarrota, le da un ataque de terciarias en esta ciudad y urgentemente lo traen a Zafra en un coche de caballos. Don Isidro Azul, médico de esta, le puso una inyección de clorhidrato sulfato de quinina y se puso bueno.

 

                                                                                              1.890

Se vienen a trabajar dos bocafraguas buenos de Fregenal de la Sierra, llamados Ignacio López y Raimundo López.

Con unos carriles que compramos en las minas de Hornachos construyó mi padre un tinglado de chapa para proteger las correas y tablado de la fundición. (Las minas son de mercurio)

 

                                                                                              1.891

                                                                               CHARADAS Y ANÉCDOTAS DE MI VIDA

                                            ROBO DE LA GALLINA HECHO POR UN TAL RIQUITRUN Y UN TAL PEPÓN

En el año antes dicho, en el local de la fundición, que era un corralón con paredes bajas, teníamos mi hermano y yo un gallinero con unas cien gallinas.

Hay que decir que como las paredes eran muy bajas, entraban todos los que querían, y un día oí a uno de los operarios decir: "que buenas gallinas, estas el día menos pensado desaparecen". Y yo dije para mi: " Y el que se las va a llevar vas a ser tu".

Contiguo a este corral había unas cuadras que se hicieron casitas donde vivían dos o tres obreros de la casa. Un día desaparecieron las gallinas y, al venir la Guardia Civil a decirme: ¿Tiene Ud desconfianza de alguien?, digo: Sí, de Riquitrun. Lo llevaron al Cuartel y a la media hora vienen y me dicen a mi: "Se ha equivocado Ud. es una persona honrada".

En otra de las casitas vivía la familia del tal Pepón, ratero de profesión, pero se le muere el adre y mi padre, que era muy caritativo, dice: "Pobrecito hombre, vamos a pagarle el entierro y féretro", como así lo hicimos.

Pasado esto, el domingo de Cuasimodo, que se celebra en esta la fiesta de la Virgen de Belén, el tal Pepón se emborrachó y confesó que "quien ha robado las gallinas he sido yo".

Mi padre, que era muy listo, le dice a la Guardia Civil: " Yo no lo creo porque hemos hecho esto con su padre, traédmelo y quitadle las esposas". Cuando lo tuvo delante le dijo:" De manera que tú has venido a robar las gallinas, yo no puedo creer que tú seas el ladrón de mi casa", y entonces contestó el tal: " yo no soy ladrón". "¿ Pues no dices que has robado las gallinas"?. "Sí, pero es que yo, como soy tan aficionado, supe que las iban a robar otros y me vine detrás de ellas, pero cuando yo llegué, otro salía ya". "Cogieron la mitad de las gallinas, las hicieron un manojo y las tiraron fuera de la tapia, y yo, que estaba allí viéndolo, cogí las gallinas que tiraron, me las eché al hombro y las vendí en La Puebla de Sancho Pérez, de donde resulta que hay esto de que un ladrón roba a otro ladrón y tiene cien años de perdón.

Este Pepón no quiso participar en el robo, aunque se lo propusieron, pues estaba agradecido a mi padre, pero no pudo resistir ver como el tal Riquitrun y un tal Peleque hicieron dos manojos de gallinas, el primero lo tiraron fuera de la tapia, momento que aprovechó Pepón.

 

                                                                                              1.892

Adjunto de como estaban todavía los corrales y cuadras, en las cuales el señor Roger había hecho casas para los pobres dando vistas a la carretera de la estación, pues ya empezaban a circular los coches.

Seguimos fundiendo, con lentitud aumenta el trabajo de cerrajería. Empezamos a construir las cajas de machos para hacer las cañoneras de carro. Se cierra el taller de Rafael Gutiérrez y todos los operarios se vienen a este taller. Traemos algunas tierras de Sevilla, carbón de Kok y algún lingote, pues, aunque el hierro de las minas de Hornachos era bueno, debido al poco silicio, salian las piezas rechupadas.

 

                                                                                         1.893-1.894

Tenía yo 16 años. La limpieza de la fundición la hacíamos a mano con escobillas de acero quitándole las arenas y los chinos. Las macollas y adornos pequeños se hacía en un bombo pequeño echándole escorias de las fraguas, le dábamos vueltas y se limpiaban unas contra otras.

El cernido del carbón y de las tierras los hacíamos a mano y, para no tragar el polvo, nos poníamos un pañuelo en la boca.

Se marcha el nuevo fundidor quedándonos sin maestro. Yo tenía 17 años y me dice mi padre que hay que cerrar la fundición hasta que venga otro maestro, y yo, que tengo muchísimo amor propio, le dije a mi padre: ¿"Papá, por qué no me deja usted a mi de maestro"?, a lo cual me contestó: ¿Tu te atreves"?. "Yo sí". "Pues sigue de maestro".

Me traje a unos cuantos del campo a mis órdenes, entre ellos Manuel Ramirez Tordolla, que era hortelano en una huerta del Rincón, Pámpano, que era del campo y fue maestro de la Metalúrgica de Badajoz, y varios más, difíciles de enumerar. El primero fue padre del que puso la fundición en Mérida.

De los primeros trabajos que hice en Mérida fueron el palacio de los Pacheco y el Casino de Mérida. El Casino de Zafra, en Valencia del Ventoso la casa de los Porra y, por un azar de la vida, el Teatro de la Guerrero y Mendoza en Buenos Aires, y muchísimos más en distintas provincias.

desde este momento empieza la buena suerte. Hicimos trabajos en latón y bronce en gran cantidad para los alambiques de aguardiente de Almendralejo y de toda la provincia de acuerdo con un calderero que había en dicha población, llamado Victor Lapauzude (Italiano). Yo fundía el bronce y el metal en dos hornos con dos crisoles de cuarenta libras cada uno.

En dicha época tuvimos un momento de desacierto, pues Don Carlos Pacheco, de Mérida, y su Srª la Condesa, nos quisieron llevar a dicha población pagándonos todos los gastos y dándole a mi padre un local próximo a la estación y a la fábrica de corcho, lo cual hubiera sido un acierto, pues Mérida reúne grandísimas ventajas sobre Zafra, entre ellas las siguientes: Buenas arenas para la fundición, nudo ferroviario de primer orden, pues circulan los ferrocarriles Mérida -Madrid, Mérida-Cáceres. Además la dicha población está rodeada de pueblos como Puebla de la Calzada, Calamonte, Almendralejo, Villafranca y Torremejías y Zafra está rodeada de pueblos de menos importancia relativamente.

ANÉCDOTA.- El padre de los Doblas, que tenía una joyería el la calle de Sevilla de esta ciudad, sabía que yo me dedicaba a platear y dorar, yo tenía 17 años y mi padre me daba un duro semanal para todos los gastos,  y un día me dice: "Oye Terán, mira que brillante más bonito, llévatelo" y yo le dije: "Bueno, ¿y esto qué vale?", "Pues cuarenta duros", "y ¿cuando voy a  pagar esto?". "Llévatelo, tu me lo pagas cuando quieras".

Para poderle pagar, yo que nunca he fumado ni bebido, compré 25 o 30 ballestas y me iba a la madre del agua a cazar pájaros para ahorrar el duro y entregárselo a Doblas semanalmente, es decir, cuarenta semanas cazando pájaros para pagar la sortija, la cual tiene hoy mi hija  y le llama: "Papá, la sortija de los pájaros"

 

                                                                                              1.895

La plantilla se componía de 30 obreros. Empezamos a construir modelos de columnas de madera con un carpintero llamado Leandro. Nos quitó Roger un trozo de fachada pues por todos los medios que nos marcháramos. Ya tenía 18 años.

 

                                                                                              1.896

Toda nuestra familia se tuvo que reducir a dos habitaciones. Construye mi padre la primera máquina de moldear a mano. Me gustaba el cante y llegué a ser tenor en un orfeón que hubo en el círculo mercantil de esta población, yo tenía buena voz y me enseñaron algo de música y cantaba dando las notas necesarias.

Teniendo en cuenta que yo nací en la ciudad de Sevilla en el 1877, el 12 de Julio a las 8'30 de la noche, tenía por tanto 19 años, empecé a enfermar de fundir tanto bronce y metal, y mi padre me mandó a Llerena con mi hermana Dolores, que estaba casada con un factor de ferrocarril apellidado Vicente.

Una noche cogí a mis sobrinos y los llevé a la plaza pública, donde había unos cristobitas, tocaba el tambor el pobre hombre y él solo constituía la compañía. La puerta estaba llena de chiquillos y yo le pregunté: "Da usted pronto la función?" y me contestó, "a ver si entra alguien", "¿ pues a como es la entrada?" y me contestó que a perra gorda, o sea a diez céntimos, y yo dije: "¿Qué pueblo es este?, ahora mismo va a dar usted la función". Conté hasta setenta muchachos y di las siete pesetas. Calcule usted como estarían conmigo y mis sobrinos. Pero es el caso que al otro día, por donde quiera que iba se escuchaba: "madre, madre, ahí viene el tío forastero que nos metió anoche a todos". Y me hice célebre por siete pesetas.

Yo, que soy bastante descarado, al preguntarme el señor alcalde que si me gustaba Llerena le dije que no, que había mucha miseria, y le conté lo sucedido.

Posteriormente mi padre, que era muy cariñoso, sabiendo que me gustaba el cante, me compró un fonógrafo Edison que en vez de ser de placa, como son hoy los fonógrafos, eran tubos de cera y había algunos de un cantador de mucha fama que había en Madrid llamado el Mochuelo y yo le cogí el cante y entonces mi padre me dijo: "Vete a Murcia y Alicante a ver si mejoras". Me sacó un kilométrico de 2000 kilómetros.

Monto en el tren en esta, en primera clase, y me encuentro un señor muy respetable. Yo sabía cantar regular, y al verlo dije: "¿Qué voy a hablar yo con este señor"?. Yo llevaba un bastoncito de mimbre y, en el tren, por lo bajo me pongo a tararear yo solito haciendo la salida de los tangos del tiento, y se queda mirándome el señor y me dice: "¿Va usted muy lejos"?, digo, "voy a Murcia", "que casualidad, allí voy yo también, ¿Porqué no te vienes conmigo y te voy a enseñar el Gran Casino de Murcia, que es el mejor de España?". El antes dicho señor era el subdirector de los ferrocarriles.

Nos hospedamos en el hotel de la calle Trapería, cerca del Gran Casino, y. al entrar en dicho casino, diez o doce que íbamos, entre ellos yo, me encuentro un tablado en el patio y un cantaó de flamenco con una guitarra: El pobre lo hacía medianamente; yo cantaba bastante mejor y el subdirector me dijo: "¿Quiere usted que le gastemos una broma a este cantaó con usted"? y yo le contesté: "Bueno está". Usted diga que sí a todo. Acaba de cantar el cantaó y lo llama el antes dicho señor y le dice por lo bajo: "Si tu supieras quien es ese que está ahí....", "¿Quien es?" preguntó el cantaó. "El Mochuelo de Madrid". Se dirige a mi y, como el Mochuelo se llamaba Antonio de nombre, me dice dándome la mano: "Don Antonio, tanto gusto en conocerlo" y le contesté: "Muchas gracias, el gusto es mío". "¡Si yo cantara como usted!" me dice; cantaba y luego se acercaba a mi y me decía: "Hágame usted una salidita por lo bajo para aprenderla", y le contesté: "Bueno, una nada más, eh. ¿Cual quieres?". "Hágame usted la salida de los tangos del tiento". "Arrímate" y hago la salida, y al hacerla dice: "Ay mi madre".

Nos marchamos al hotel, y a la hora de estar en el mismo llega una comisión de señoritas y me dicen lo siguiente: "Confidencialmente hemos sabido que está usted aquí en Murcia y nosotras (unas diez vendrían) tenemos muchísimo gusto que mañana venga usted con nosotras al parque". Yo quise excusarme, pero el señor subdirector, que estaba presente, me hacía muestras con la cabeza de que aceptase. Por fin accedí a las señoritas y al día siguiente se presentó en el hotel una jardinera con una jaquita con muchos cascabeles. "Vamos señor, me dijo el cochero, vamos". Me monté, pasamos el puente y llegamos al parque. Allí me encontré con una mesa, lo menos seis metros de larga, muy bien puesta y diez o doce señoritas y caballeros de lo mejor de Murcia que, al llegar mi jardinera, se ponen en pie y empiezan a aplaudir. Yo me quedé sorprendido, pero ya lógicamente tuve que pasar por el Mochuelo. Me dieron el sitio preferente en la mesa, una gran comida y, al terminar la misma me dicen: "Bueno, cántenos usted algo", a lo cual yo contesté: "Pidan ustedes lo que quieran, malagueñas, peteneras, murcianas, carceleras, tangos, jotas, en fin lo que quieran": Me pidieron una jota y, como fui tenor del Orfeón de Zafra que cantaba una jota muy bonita, la canté, más dos soleares, y al cantar estas tres piezas dije: "Nada más", y me dicen: "Suponemos que no viene usted en plan de decir que no". "No señores". "Pues nosotras tenemos mucho gusto en que acepte usted este pollo tostado para que se lo lleve para el viaje". El cual acepté con mucho gusto. Al llegar al hotel con el pollo me dice el subdirector: "De manera que después de una buena comida le han dado un pollo". "Usted ha tenido la culpa que me ha comprometido".

 

                                                                                              1.898

Le propusimos al señor Roger comprarle algún terreno, cosa que no aceptó y, lejos de vendernos, nos sube la casa y nos quita otro trozo de corral. Yo, debido a mi amor propio, trabajaba y sufría, pues quería que el taller siguiera adelante. Ya tenía algunos modelos de columnas, pero no teníamos grúas ni carros y levantábamos las cajas a mano, sin espigas clavadas en el suelo.

 

                                                                                              1.899

Mi padre compró a Dª Florentina, Condesa de la Corte, 1.440 m. de terreno de un cercado que lindaba con la fábrica en 1.000 Pts. y se construyeron las dos naves donde está el ajuste, fragua y mecánica.

La construcción con piedra y barro la hizo un paredero, llamado Laine, bajo la dirección de mi padre. En un viaje que hizo mi padre a Sevilla a mediados de este año, compró una grúa vieja de madera a un tal Carlos Cironi de un taller que habían cerrado.

Las columnas las hacíamos media contra moldeada en el suelo y la otra media en una vigueta de hierro fundido y de espiga servían unos clavos. Al montar la grúa tuvimos que hacer un hoyo grande en el suelo, pues el local no daba la altura. Una vez montada, aunque la grúa no fuese buena, empecé a ponerme gordo, pues el que tiene amor propio sufre muchísimo saliendo malas las piezas de fundición; el que sea fundidor se dará cuenta de lo difícil que es sacar una columna de cuatro o cinco metros y levantarla a mano. Nosotros las levantábamos entre diez u ocho hombres con palancas. Ya construía paños de baranda de hasta un metro cuadrado, las cajas las hice con espigas y tenían dos mangos gordos; con un balancín les daba la vuelta.

 

                                                                                              1.901

Enterado el señor Roger de la compra a la Sra. Condesa, nos brinda el hoyo Lairón. En este hoyo está construida la fundición que hoy existe. En algunos sitios tiene una profundidad de 4'50 m. y los muros, que tuve que construir, 1'50 m de cal y piedra, dirigidos por mi, José Díaz de Terán, hasta la altura del suelo, y de ahí en adelante 70 cm. de grueso hasta el tejado.

La grúa, que era de madera, tenía el árbol central podrido y se encontraba en muy mal estado, y mi padre trajo una viga de pino de tea de Sevilla, de 5 m de largo y de 1.50 m de ancho por sus caras. Teníamos un torno de 5 m de entre punto, y mi padre, que era muy habilidoso, la tendió encima de la bancada y le hizo los dos puntos o bulones magníficamente hechos.

 

                                                                                              1.902

Para construir mi pare las dos naves de ajuste, hubo que rebajar el terreno que estaba un metro más alto que la carretera de la estación, y, para que se den ustedes cuenta de la profundidad del hoyo Lairón, los 1,440 m2 que le compramos a la Sra Condesa, más toda la calle Pasaje de la Feria, que tenía la misma altura, todo se echó al referido hoyo y estuvimos 30 hombres echándole tierra. Se echaron 4.200 m3 de tierra, más los 24 años de existencia de basuras y despojos, que en total suman unos 6.500 m3.

 

                                                                                              1.903

Terminadas las naves de ajuste y cerrajería, compramos un trozo de terreno al Ayuntamiento junto a la Plaza de Toros y construimos una nueva fundición, hoy talleres de rodaje de los motores que fabricamos.

 

                                                                                                                       1.904

Siguen los trabajos de albañilería. Mi hermano Manuel hacía 18 años que estaba trabajando. Compra mi padre algunas herramientas nuevas.

Al siguiente año me enamoré de la que hoy es mi esposa. Siguen su curso normal las construcciones. Compra mi padre un cepillo viejo de 1,80 metros de recorrido en la antigua casa San Clemente, una máquina de vapor Marsan de 10 H.P. y una caldera de 14 caballos, un torno paralelo de 1 m, tres más del mismo tamaño más uno inglés de 5 m entre punto.

 

                                                                                              1.907

Yo tenía 30 años y Eusebia 18, nos casamos el 28 de Noviembre a las 9 de la noche y me fui a vivir frente al Salón Romero pues mi padre y mi hermano seguían viviendo en la vieja casa. Construcción de una nueva fragua y carpintería en el nuevo solar. Hubo huelga de fundidores de Sevilla y tuve que construir en esta los adornos del teatro La Guerrero y Mendoza de Buenos Aires.

 

                                                                                              1.908

El día 24 de Agosto nació mi hijo Eduardo. Mi hermana vive con su esposo, jefe de estación de Alanís, lleva una vida precaria y nosotros le mandábamos cuanto podíamos. Se termina el nuevo taller de fundición y nos trasladamos al mismo.

Construimos el herraje de las casas de Don Alfonso Gómez y de Don Antonio Meca en el Pilar Redondo. Compró mi padre dos buenas estriadoras y una buena pulidora y estriábamos para varias provincias.

Yo sigo trabajando con más ahinco, pues con hijos ya y queriendo mucho a mi esposa todo se me hace poco y trabajaba de dia y de noche. Se termina la nueva fundición y empezamos a trabajar en los nuevos talleres con buenos ventiladores, con buenas cucharas y mejor horno.

 

                                                                                              1.910

    Con 33 años hicimos las armaduras del Salón Romero y todo el herraje del garaje de la estación de autobuses de Almendralejo. Por estas fechas hacíamos prensas para vino de varios tipos, norias de cuatro clases, puertas de amasadoras, refinadoras para las panaderías movidas por caballerías y estrujadoras de 3 y 4 cilindros.

     Hacíamos también gran cantidad de fundidos para las ferreterías, inodoros de patios, cañoneras para carros, molinos aceiteros con sus falanges y cerrajería artística árabe, gótica y renacentista.

     El 11 de Octubre nació mi hijo Manuel.

     Trajimos a mi sobrino de Alanís por lástima y resultó una desgracia. Lo pusimos de cajero y se extraviaron 1000 pesetas no sabemos cómo. Después en su vida me hizo todo el daño que pudo, pues debido a estar desequilibrado no sabía lo que hacía.

      Más adelante, en 1928, mandó su madre a su tío una carta ofreciéndole la mitad de la fábrica en 200.000 pesetas. El fundador, Manuel Díaz de Terán Rodríguez, y sus hijos, Manuel y José, acordaron que la mitad de la fábrica la compraran entre su tío y José Antonio Vicente. Este individuo, y por consejo de su mujer y sin seguir los consejos del fundador, y a espaldas de su tío, compró la mitad de la fábrica, y en el día 28 de Septiembre de 1928 se constituyó la Sociedad Díaz de Terán y Vicente, cuyo capital social, contando edificios, maquinaria, reserva, cuentas bancarias, almacén de hierro y madera era de 400.000 pesetas.

     El Sr. Vicente le pidió dinero a la Condesa de Rojas y plazo a su madre y heredarla en vida quedándose con un tercio de la empresa pues eran tres hermanos. Por disparidad de criterios, maltratos a los clientes de la fábrica y a los operarios surgieron muchos disgustos. Como en uno de los capítulos de la Sociedad se especificaba que dichos desacuerdos serían resueltos por amigables componedores y habiendo surgido esta cuestión, acordaron en Zafra a 8 de Noviembre de 1932 que no podíamos seguir viviendo juntos y que la única solución era subastársela ante el Notario la mitad de la fábrica. Me propuso mi sobrino la venta por 300.000 pesetas ante el Notario y testigos y testigos siendo que la escritura decía 200.000 pesetas antes de firmarla con pago que hizo a la señora Condesa de Rojas y dejando el almacén de maderas y de hierros.

     El 4 de Octubre de 1932 en la casa de su tío, Don Manuel Díaz de Terán Rodríguez, y ante testigos,  Don Eduardo de la Guardia, Don Aurelio Sánchez, su tío Manuel, acordaron la venta de la mitad de la fábrica, que valía entonces 150.000 pesetas, en principio en 246.000 pesetas, amortizando 2000 pesetas mensuales después de darle de presente 50.000 pesetas, co9n un interés del 5’5 %. Antes de dicha reunión medió el Sr. La Guardia y estableció el 5 % de interés queriendo mi sobrino el 6 %.

     El 12 de Octubre de 1932 se firmaron las escrituras de compraventa y préstamos hipotecarios en la casa del Sr. Vicente en la Plaza de Álvarez Guerra.

     Cuando llegaron los incidentes del 14 de Abril de 1934 faltó el trabajo, los operarios no trabajaban pues decían tener orden de arruinarnos y no podía pagar, supliqué a mi sobrino que me diera una moratoria. No me la concedió y, lejos de esto, me llevó a los tribunales con objeto de quedarse con las 50.000 pesetas, pues había establecido en la venta la condición del retro. Me demandó en Sevilla, cuyo asunto se lo encomendé a Don José Monje Bernal, abogado y a Don Francisco de Góngora y Aguilar, procurador.

     Gracias al Sr., Monje, un caballero, el 26 de Agosto de 1934 y, habiéndome escuchado a mi, me propuso ir a Lisboa, adonde se había ido huyendo mi sobrino, y le hizo firmar una moratoria por seis meses. A los dichos seis meses le pagué las 12.000 pesetas atrasadas, los intereses de toda la deuda y los intereses de los intereses. Posteriormente pedí un crédito en el Banco Hispano Americano y me concedieron una hipoteca.

    Como detalle curioso acompaño una historia de todo lo sucedido.

 

                                                                                                                      1.911

Mi padre, Manuel Díaz de Terán Rodríguez, repartió su capital antes de retirarse, cuyo documento decía así:

    El capital líquido son 185.266 pesetas, y de dicha cantidad corresponde a los varones por haber estado trabajando sin sueldo:

 

    A mi hijo Manuel                      69.750 pesetas

    A mi hijo Pepe                          69.750      “

    A mi hija Dolores                     45.755       “

      TOTAL                                185.255       “

     Y yo, José Díaz de Terán Fernández, en mi deseo de no perjudicar a mi hermana, convencí a mi padre para que le pusiera igual que a nosotros

 

                                                                                                               Año 1.913

 

    Preludio de la Gran Guerra. Mi hermano, que vive soltero, no quiere seguir en el negocio y con una pensión anual de 150.000 pesetas, que nos exigió mi padre, para los dos y el tanto por ciento del negocio vivían bien en el Campo de Sevilla, hoy Farmacia de Galán.

 

                                                                                                             Año 1.914

 

    Estalla la Gran Guerra. Mi hermano se llena de miedo suponiendo que podíamos entrar en guerra y, lleno de miedo, nos vendió a mi hermana y a mí la tercera parte de la fábrica en 1915 en la cantidad de 80… pesetas a pagar en cuatro años con intereses del 5 %, cosa que efectuamos mi hermana y yo.

    En un año subieron las existencias que teníamos de hierro y madera y no entramos en guerra.

 

                                                                                                             Año 1.915

 

    Compramos a Roger el resto del terreno en 26.000 pesetas, pagamos a mi hermano las 80.000 pesetas y levantamos un muro y puerta falsa en 5.600 pesetas. Total 111.600 pesetas. Me quedé en la fábrica como gerente ganando siete pesetas diarias. A mi sobrino le daba su madre el 20 % de lo que ganaba además del sueldo de 7 pesetas, como a mí.

 

                                                                                       Año 1.916

 

    Caímos mi hermana y yo los antiguos talleres. Yo seguía viviendo frente al Salón Romero.

     En esta fecha construí dos hermosas casas con cuatro viviendas, cuatro salas de baño, cuatro cocinas económicas, cuatro instalaciones de agua y electricidad. Las dos escaleras de mármol con 1’30 m de azulejos, las cuales me costaron 148.500 pesetas, que divididas entre dos sale a 74.250 pesetas. Cuya casa sigue siendo hoy de mi sobrino.

     Mi madre, Mercedes, murió el 15 de Septiembre de 1916. Compré la cerca de la estación en 5.000 pesetas y tiene 6.000 m2.

     Nació mi hijo Pepe el 4 de Febrero de 1916.

 

                                                                                                             Año 1.919

 

    El día 31 de Marzo nació mi hija Mercedes. Compramos otra máquina de estirar en 6.000 pesetas una nueva pulidora en 3.000 pesetas, una grúa vieja en 1.000 pesetas.

 

                                                                                                             Año 1.921

 

    Tenía yo 44 años.

    Retiramos los socios 20.000 pesetas: 10.000 para mi hermana y 10.000 para mí. Yo cobraba 7 pesetas como gerente.

     Aumentamos el capital de 219.228 pesetas a 722.546.

     Desde al 14 de Diciembre hasta el 15 de Enero estuve muy grave, intoxicado al parecer con cianuro potásico, pues al beber en un botijo que tenía, noté un gusto a botica.

    Sospeché que uno que me quería mal quería quitarme del medio, cómo estuvo a punto de conseguir.

    Vino de Badajoz Don Regino de Miguel el 9 de Enero y me dijo: “Estaba intoxicado”. Costó el viaje 500 pesetas, y de la sangre que perdí no pude ir a la fábrica hasta el 20 de Febrero apoyado en mi mujer, pues no me podía tener en pie.

 

 

                                                                                                                Año 1923

 

 

    Con 46 años me invitaron a una Internacional de Fundidores en París con 11 Naciones el 17 de Septiembre del antes dicho año. No sabía francés y aprendí a pedir pan, agua, hotel, alcoba, por si me perdía no morirme de hambre.

    Llegué a la estación de Orsayn y al parar el tren, visto el movimiento de la estación, me quedé helado por no estar acostumbrado a ver todo el movimiento de trenes.

    Al parar el tren con gran sorpresa mía oí decir: Sr. Terán, Sr. Terán y contesté: Servidor. Me dijeron: usted viene de la provincia de Badajoz, a lo que contesté: Sí, señores y me contestaron, le estábamos esperando a usted. Y me dicen dos señores que yo no conocía, un coche muy bueno: Móntese. A lo que pedí que esperasen para recoger mi equipaje. Ellos me dijeron, no señor, ya lo recibirá usted en el hotel del Louvre, de primera, que le hemos buscado de hospedaje en la Avenida de la Ópera.

 

    Llegamos; superior, de lo mejor de París; sala de baño etc. etc. Me dicen: Usted no nos conoce a nosotros, a usted sí le conocemos por referencias de España y dijo uno de ellos: Bueno, bueno, yo haré las presentaciones. Don Salvador de Madariaga, embajador, (tanto gusto). ¿Sabe usted francés, Terán? Y le dije lo que sabía, mal dicho. Se echaron a reir, pero le hice gracia y fue la suerte.

 

    Me dice el Sr. Madariaga: ¿Quiere usted que venga mañana a por usted y lo presente en la Internacional?. Y yo le contesté: Con usted voy a todas partes. Bueno, hasta las 11 de la mañana.

 

    Al día siguiente se presentó con el coche de la Embajada y le dice al chofer: ¡A la Plaza de Italia, a la Escuela de Arte y Oficio!, que está la Internacional. Llegamos a un edificio grandísimo, muchas banderas, (10 e íbamos 11 Naciones). Me fijo y la de España no estaba puesta. Y le dije al Sr, Madariaga: ¡Valiente poca vergüenza tienen estos franceses! ¿Qué le pasa a usted, Terán?. Mire, 10 banderas, 11 Naciones y la de España no figura. No tenemos dignidad si entramos, yo no entro. ¡Es verdad, móntese que vamos a hacer una reclamación diplomática en este momento!.

 

    Al ir de camino con dirección a hacer la reclamación diplomática me dice en el coche: “Voy a hacerle a usted una confidencia que no se la he dicho a nadie en París: Ha entrado Primo de Rivera en el poder y de momento viene la dictadura junto a la monarquía de Alfonso XIII. De esto hace 3 días, y por lo tanto se quien va a sustituirme: Quiñones de León. ¿Le parece a usted bien que lo consultemos con él antes de hacer nada?”. “Somos amigos y me parece muy bien”.

 

    Llegamos a la Embajada le dijo lo ocurrido y dijo Quiñones de León: “Muy bien hecho, donde quiera que estén los españoles debe estar su Bandera. Esta noche les espero a ustedes dos a cenar conmigo”.

 

    Cenamos y presencié la dimisión de Madariaga y, después de la cena, me dice a mi Quiñones tocándome la espalda: “ Ya he averiguado lo ocurrido, Sr. Terán; vienen tres catalanes y querían poner la Bandera catalana y el Ministro francés les dijo que no, pues era una ofensa que hacían a España, que lo único que podían hacer por ellos era no poner ninguna a ver si pasaba desapercibido, pero, al tirar usted de la manta, mañana nos darán toda clase de satisfacciones en Versalles (donde se ha celebrado la paz europea), yo vendré a por usted a las 11’30, puesto que Madariaga ha presentado la dimisión, cómo usted ha visto, para reunirnos en el Palacio de Versalles.

 

    Al día siguiente, a las 11’30, llegó Quiñones de León al Hotel del Louvre acompañado del Ministro de Asuntos Exteriores y me dice: “Vamos señor Terán”. Y dirigiéndose al Ministro, cogiéndome por la chaqueta, le dijo así: “El señor Terán, objeto de esta reclamación.

 

    “Móntese en el coche que vamos a Versalles. Señor Terán, el Palacio de Versalles es parecido al Senado español, tiene la forma de una herradura y en el cierre de la herradura está la presidencia. Nos están esperando allí doscientos compañeros: La Marítima y Terrestre, Patricio Echevarría y todos los grandes metalúrgicos de España”.

    Yo iba asustado, pero cobarde no lo he sido nunca. Entramos en el coche en los asientos traseros el Sr. Ministro, Quiñones de León y yo.

     Efectivamente estaban los doscientos españoles, y, al entrar nosotros, se levantaron. Quiñones de León rogó que se sentasen: “Siéntense, siéntense”, se sentaron. “Señor Terán”, “Mande usted”, le respondí. “Pase usted a la Presidencia que es el principal ofendido”. Me entró un frío… pero a pesar de todo me dije: ¡Adelante!.

     Quiñones a mi izquierda, el Ministro a mi derecha y, cogiendo Quiñones una pluma que había sobre la mesa, me dijo: “Terán, con esta pluma se ha firmado la Paz de Versalles”. Yo la cogí en mis manos y estuve dándole vueltas, emocionado. Se levantó el Sr. Ministro y dijo: “Señores, no se pueden ustedes imaginar lo pesarosos que estamos por haber tenido esta omisión involuntaria, pues nosotros no tenemos ninguna animosidad contra España y sí una gratitud muy grande.

    Durante la Gran Guerra, vuestro Rey hizo que los prisioneros franceses fuesen entregados por los alemanes a los franceses. ¿Y a tanta caballerosidad íbamos nosotros a corresponder de una manera semejante? ¡NO!. Y como prueba de que no es así y para que lo hagáis saber a vuestro Rey a la llegada.

    Aquí mismo, en Versalles: ¡VIVA ESPAÑA, VIVA EL REY ALFONSO XIII!  

    Nos pusieron a los doscientos españoles  un banquete apoteósico en Versalles y a mi mis compañeros me pusieron “el extremeño que no pasa por movimiento mal hecho”; con ese nombre me conocen en toda España los grandes metalúrgicos.

    Me voy al hotel y me encuentro una carta en la mesilla de noche que dice: “Como desagravio a lo ocurrido con la Bandera y para que la estancia en esta le sea a usted más grata todo el tiempo que esté en Paris, le nombramos Socio de Honor del Gran Casino”. Fui al Gran Casino y me recibieron con champán dos mozos y dos señoritas, vestidas de blanco, al grito de VIVA ESPAÑA.

    Al otro día, por la mañana, vino un policía francés a darme satisfacción en nombre del Gobierno por el suceso de la Bandera y, por más que quise excusarme de recibirlo, me dijo que si  no lo recibía era una ofensa hacia el Gobierno Francés. Solamente a usted hemos convenido darle tres banquetes más: Mañana en el piso principal de la Torre Eiffel, pasado mañana, a bordo, por el Sena a Saint Germain, Museo de los Reyes y el tercero en Choysie  le Roy en la casa de Bonvillain – Ronceray.

    Me monto a bordo, a trece o catorce kilómetros que está el Museo de los Reyes, y al entrar con el policía que me acompañaba, me dice apuntando con el dedo: “El traje de Napoleón, las medias de Josefina, la alcoba de María Antonieta, sala de baño, la cama de plata con adornos de nácar…” Y regreso a Paris.

    El tercer día me recibieron en la casa de Bonvillain con champán, lo mismo que en el Gran Casino, y cogiendo a Bonvillain del brazo le dije: “Puesto que soy visitante de honor de esta fábrica, ¿Me quiere usted decir cómo han hecho el material para ganar la Gran Guerra?”, a lo cual me contestó: Venga usted para acá, vamos a decírselo; con esta tierra, con estos aglutinantes hemos hecho el material. Ochenta años de adelanto más que España.

    Visitas que hice en París desde el día 16 de Septiembre de 1923 al 29 del mismo en que regresé a esta:

Día 17. Palacio de la Bolsa.

Día 18. Arco del Triunfo, Torre Eiffel, La Gran Cascada, Columnas de Falle, Palacio del libro, Galería de Apolo, Dama de los Inválidos, Palacio de la Industria, Fuente del Observatorio y Trianón, Palacio Royal, Banque en Versalles y Desagravio y poner la Bandera, Fuente de Neblup, Baño de Apolo y Palacio de Luis XIV y banquete a bordo.

    Asunto catalán. Vuelven los tres catalanes y le dicen a Maciá lo ocurrido y dice Maciá: “¿Qué vamos a hacer con ese tío?”, (el tío era yo). “El Excelentísimo Ayuntamiento de Barcelona lo nombra vocal por toda la provincia de Badajoz, Visitante de Honor de la feria de Muestras a usted y su señora y, para que venga todos los años a la apertura y clausura, hoy le mandamos a usted el título, carnet de identidad y los billetes de ferrocarril.” Por lo cual voy todos los años y me guardan grandísimas consideraciones y entro gratis en todos los espectáculos.

 

                                                                                       Año 1927

 

                                                                             13 de Febrero de 1927

 

Homenaje a D. Manuel Díaz de Terán y Rodríguez con motivo de haber le sido concedida la Medalla al Trabajo.

                                                    Discurso pronunciado por Don Manuel Aragón

 

Queridísimo maestro: Designado por su hijo D. José Díaz de Terán y pos su nieto D. Antonio, y en presencia de sus familiares y una comisión de maestros y obreros, tengo el honor de colocar a nuestro muy respetado y querido maestro ten insigne condecoración.

Yo quisiera en este momento tener una oratoria fácil, una oratoria correcta, para poder presentar con mis palabras el concepto que me merece este acto. Acto, de suyo noble y hermoso y que revestido de magnificencia y belleza, representa la suma de laboriosidad y honradez y el fruto recolectado en estos setenta años de trabajo.

No puedo concederle a nadie tan honrosa distinción si no va precedida de la constancia, si no se toma el trabajo como un culto.

Pasando pues al concepto de mi peroración, basado en la modestia del homenajeado, he de participaros que nos ha sido imposible convencerle para que este acto se celebrara oficialmente y accediendo solamente a que fuera celebrado con carácter puramente familiar. Mas he de manifestarle, querido y venerable maestro, que no solo ha debido celebrarse este acto con la majestad oficial, sino que han debido acudir a este homenaje de vuestro apostolado, todas aquellas personas que han contribuido a dicha co0ncesión, si que también desde el más pequeño aprendiz, al más viejo de sus obreros para que sirva de estímulo y provechosa enseñanza a todos.

Los que me escuchan han de tener en cuenta, que si sus antecesores, buscando mejoras para si y su familia, no encuentran otro camino que América, y siguiendo el camino que trazara Colón en sus simpáticas carabelas tienen precisión para el logro de sus vastos planes de hacer un gran esfuerzo olvidando la patria de sus mayores, nuestro admirado jefe no ve la necesidad de abandonar su patria, pero presiente que, muy cerca de Andalucía, y sin salir de España (solo cambiando de reino), había de lograr y conquistar la América española. Sí, señores, sin salir de ella. Pero tiene que hacer un supremo esfuerzo, tiene que abandonar su patria chica, su Sevilla incomparable, su Torre del Oro y su gentil Giralda y, seguido de su familia, se interna en Zafra, ciudad de la rica Extremadura, para llevarle el arte de la cerrajería sevillana. Y no solo el arte y la industria, sino algo más grande todavía, pues traía la sagrada misión de inculcar al obrero extremeño la construcción, fundición y forja con todas las reglas del arte.

De su provechosa enseñanza, de su desarrollo y mentalidad, no buscaba el beneficio propio, sino que también buscaba el beneficio colectivo, porque ha de tenerse presente que empresa tan grande pudiera hacerla este hombre solo. Este hombre, repito, que ha contribuido al sustento de más de ochenta familias y que ha terminado su obra coronándola con el lema: El Templo del Trabajo.

Resumen: Este hombre que honra a Sevilla, que honra a Extremadura, que es honra de la raza en digo de que, en su día, se le nombre Hijo Adoptivo de Zafra y que la calle hoy llamada Avenida de la Estación se cambie (de acuerdo  con la muy ilustre corporación municipal) por Calle de Manuel Díaz de Terán para que figure su nombre en la ciudad al lado de sus otros hijos ilustres: García de la Huerta, Álvarez Chamorro, General Menacho, etc.

Quisiera, en fin, que la ciencia pudiera hacer desaparecer de vuestras pupilas, el obstáculo que impide ver a los continuadores de vuestra obra para su mayor satisfacción y orgullo. He dicho.

A continuación incluyo un fragmento de las palabras pronunciadas por D. José Rodríguez de la Rosa en este mismo acto. Su alocución está incompleta por haberse extraviado la última parte de su discurso.

 

D. José Rodríguez de la Rosa lee a continuación estas cuartillas.

Maestro: Como uno de los obreros de su casa y que fui bastante favorecido por su inteligencia, no quiero dejar pasar esta ocasión en que nuestro gobierno con gran justicia, le ha concedido a Ud. el más alto galardón que en la actualidad, se le puede conceder a un hombre trabajador: La Medalla del Trabajo.

La Medalla del Trabajo que simboliza toda una vida llena de luchas, de trabajos y de fatigas, que simboliza toda una existencia dedicada al santo amor del trabajo, para bien de la sociedad y para coadyuvar al sostenimiento de todos los que tenemos la alta honra de pertenecer a sus talleres.

En la vida, querido maestro, a los que tenemos la desgracie de nacer sin bienes de fortuna, se nos presenta un horizonte nebuloso y obscuro, que pone pavor en el ánimo mas templado, y, si no fuera porque en el transcurso de esa vida tropieza uno a veces con hombres que son sostén y guía al mismo tiempo, esa vida, repito, no merecería la pena de vivirse.

Pues bien; en ese caso se ha encontrado el individuo que tiene el honor de dirigirle su muy humilde palabra, que está inspirada en los más nobles sentimientos, como prueba de gratitud y cariño.

Hijo de padres pobres, pobres de fortuna y pobres de inteligencia, con edad en que se principia a razonar y las ideas no saben a donde dirigirse, tuve le gran suerte de tropezar con un buen hombre, es decir con dos hombres tan dignos como respetables. El primero, educó mi alma y cultivó mi espíritu; la educación moral que me inculcó, me capacitó para soportar con santa resignación los sinsabores de la vida, de que tan llena está la de los trabajadores. Aquel hombre que fue para mi un verdadero padre espiritual y me enseñó las buenas costumbres, es objeto de mi mayor veneración y respeto. No tengo necesidad de nombrarlo, porque seguramente está en el ánimo de le inmensa mayoría que me escucháis.

El otro hombre que encontré y que la providencia sin duda puso en mi camino, fue Ud. querido maestro; Ud. el que educó mis manos, Ud. el que me enseñó un arte u oficio con el cual pudiera hacer frente a mis necesidades económicas, Ud. en fin, completó mi educación, me hizo un hombre, me hizo un trabajador. ¿Que hubiera sido de mi si en lugar de tropezar en mi vida con estos dos grandes hombres hubiere tropezado con otros de distinta...

 

 

 

                                                             


Directorio de Genealogía Hispana