Testamento de D. Santos en Cádiz


TESTAMENTO DE DON SANTOS DIAZ DE TERAN:

                                                

En Cádiz, día de su fecha, di dos copias al otorgante escritas cada una en diez y siete hojas. El primer pliego del sello mayor y el intermedio papel común. Doy fe.

                                                                      Francisco del Solar escribano Real

 En el nombre de Dios Todopoderoso: Sea notorio como yo Don Santos Díaz de Terán, caballero del Orden de Alcántara, natural del lugar de Castillo Pedroso en el valle de Toranzo de las Montañas Bajas de Santander en el Arzobispado de Burgos, hijo legitimo de los Sres. Don Juan Díaz de Terán y Doña Magdalena Díaz de la Serna su mujer (que estén en gloria), naturales que fueron del mismo lugar, hallándome como me hallo en esta ciudad de Cádiz de próximo para hacer viaje al puerto de la nueva Veracruz, Reino de la Nueva España, en la presente flota del cargo del General Don Manuel de Velasco y Tejada, Caballero del Orden de Santiago, y por la Divina Misericordia con salud y en mi sano juicio, memoria y entendimiento. Creyendo como firmemente creo el alto y soberano misterio de la Trinidad Santísima, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo verdadero Dios. El de la pasión y muerte de Cristo, Señor nuestro, su gloriosa resurrección, el del santísimo Sacramento del Altar y los demás artículos de nuestra  Santa Fe Católica, Apostólica, Romana en que he vivido y protesto vivir y morir. Conociendo lo cierto de la muerte, la incertidumbre de su hora, y deseando para cuando esta llegue tener dispuestas y declaradas las cosas del bien de mi Alma y de  mi  Ultima Voluntad por lo que esto conduce a la quietud del espíritu y logro de la  Bienaventuranza, quiero hacer mi testamento y, para tener en su disposición el acierto que deseo, invoco por mi intercesora a la Soberana Reina de los Angeles, la  Virgen María Nuestra Señora de Guadalupe, concebida sin Pecado Original desde el  primer instante de su ser natural, al glorioso Patriarca señor San José, Santo Angel  de mi Guarda y demás Cortesanos del Cielo, con cuya protección y amparo lo ordeno y hago en la forma siguiente.

1) Lo primero encomiendo mi Alma al Omnipotente Dios Nuestro Señor que la crió y redimió con el valor infinito de su preciosa sangre, pasión y muerte, y humildemente le suplico perdone mis muchos y grandes pecados y la lleve a gozar de su gloria para que fue creada.    

2) Y cuando su Divina Magestad fuese servido llevarme de esta presente vida, quiero y es mi voluntad que, vestido mi cuerpo con el Manto Capitular de mi Orden de Alcántara, se le dé sepultura en la Iglesia de la parte y lugar donde me cogiere la muerte, con advertencia que si allí hubiere Iglesia o capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, se me ha de enterrar en ella por devoción mía, y la forma de entierro, funeral y exequias lo dejo y remito a la disposición y voluntad de mis albaceas que he de nombrar en este mi testamento, a quienes encarecidamente ruego y encargo, sea con la mayor humildad, sin pompa ni aparatos mundanos, sobre que pondrán todo cuidado y atención en no contravenir a este mi voluntad como lo fío de sus conciencias; y el día de mi entierro, si fuere hora y si no el siguiente, se dirá  por mi Alma una Misa Cantada de Cuerpo Presente con Diácono y Subdiácono, Vigilia y Responso, dándose por ella la limosna que fuese estilo.

3) Así mismo es mi voluntad y ordeno que el día de mi entierro si ser pudiere y si no en los nueve siguientes a él, se digan por mi Alma, las de los referidos Sres. mis padres, deudos y personas de mi obligación, ochocientas Misas Rezadas repartidas a su discreción y arbitrio de mis albaceas, dando por la limosna de cada  una ocho reales de plata antigua.

4) Item mando se digan por mi Alma, las de dichos mis padres y demás mis difuntos conforme a orden de caridad y justicia, cuatromil Misas Rezadas en las partes, Iglesias y por los Sacerdotes que pareciere a dichos mis albaceas que se hallaren mas inmediatos al lugar donde fuere mi fallecimiento, dando por la limosna de cada una cuatro reales de plata antigua.

5) También es mi voluntad se digan otras doscientas Misas Rezadas por las Almas de los señores Sacerdotes que han sido mis Padres Espirituales, distribuidas por los referidos mis albaceas que darán al mismo respecto de cuatro reales de plata por la limosna de cada una.

6) Así mismo ordeno y mando se digan otras ciento Misas Rezadas por las Almas de los señores Sacerdotes que hubieren en mayor necesidad en las penas del Purgatorio con la propia limosna de cuatro reales de plata por cada una.

7) A las mandas forzosas y acostumbradas en que se incluye la Casa Santa de Jerusalén en que Cristo Señor Nuestro, obró nuestra redención y también para ayuda a los gastos que se han de hacer en la beatificación que se espera del benerable Gregorio López, cinco pesos escudos de plata de limosna a cada una de ellas por una vez.

8) Y para que Dios nuestro señor sea más bien servido y su Divino Culto ensalzado con Misas y sufragios, es mi voluntad y ordeno se saquen y separen de mis bienes por una vez, diez mil ducados de vellón de principal libres de costos y gastos para que mis albaceas de España dispongan que, con la autoridad y licencia judicial del Ilmo. y Rvdmo. señor Arzobispo que fuere de Burgos o Sr. su Provisor y  Vicario General, se impongan a censo redimible a razón de veintemil el millar en el distrito de aquel Arzobispado sobre fincas y posesiones seguras para dote de cuatro Capellanías perpetuas, colativas de Misas Rezadas que es mi voluntad funden los referidos mis albaceas en dicho Arzobispado de Burgos, cada una de dos mil y quinientos ducados vellón de principal para que los Capellanes que fueren de ellas, perciban y gocen sus respectivos réditos con el cargo de celebrar o mandar decir por mí alma las de los Sres. mis padres y demás mis difuntos, cada año, perpetuamente, para siempre en cualquiera de las Iglesias de el mismo Arzobispado donde se hallaren y fuere más de su conveniencia desde el día que se les hiciere Collación, o adjudicación el correspondiente número de Misas que alcanzare la renta de cada Capellanía, regulada la limosna de cada Misa por un ducado de vellón, nombrando, como es mi voluntad nombren, en primero lugar por Capellanes de dichas cuatro Capellanías, a los hijos, nietos y descendientes de matrimonio legitimo de Don Sancho Ruiz de Villegas, mi sobrino, prefiriendo los mayores de edad a los menores con la calidad que cada uno de ellos ha de obtener tan solamente una Capellanía porque mi voluntad es anden todas cuatro separadas para que se acomoden cuatro, uno en cada una con la facultad de poderse ordenar a título de ellas, adjudicárselas a los de menor edad y poder mandar decir las Misas por coleturia y percibir el superávit y con la condición de que si en alguna de las descendencias que han de ser nombradas en dichas fundaciones, según lo que prevendré en esta cláusula, no hubiere cuatro que puedan ser Capellanes, uno de cada Capellanía, en las que así hubieren vacías por esta causa, han de entrar los de la siguiente línea por su orden, observándose esto sucesivamente en todos los descendientes legítimos de mis hermanos y hermanas. Pero si con el transcurso del tiempo sucediere no haber de todos ellos más que tres para todas cuatro Capellanías, en tal caso ha de ser Capellán de las dos de ellas el mayor en edad y de una cada uno de los otros dos, y siendo dos los tales descendientes, ha de obtener dos Capellanías cada uno y consiguientemente quedando solo un descendiente de los referidos mis hermanos ha de ser Capellán de todas cuatro Capellanías y por falta suya pasando a otros parientes míos, o estraños, han de volver a quedar separadas para que cada uno obtenga una solamente con cuyas calidades y circunstancias, por falta total de los descendientes del dicho Don Sancho Ruiz de Villegas, han de ser nombrados por tales Capellanes de dichas cuatro Capellanías en la misma forma arriba prevenida, como yo desde luego nombro, a los hijos, nietos y descendientes legítimos de legitimo matrimonio de los referidos mis hermanos y hermanas y, por falta de ellos, a mis parientes en cualquier grado que sean, a unos y otros por el orden y con la graduación y preferencia que los he de nombrar al goce del Vínculo y Mayorazgo que he de fundar en este mi testamento, cuyos llamamientos doy por insertos y repetidos en esta cláusula para que conforme a ellos se hagan los de Capellanes en dicha fundación; y por falta total de los referidos mis parientes, han de ser Capellanes de dichas Capellanías y cada una de ellas separadamente, los que nombraren los Patronos cada uno en su tiempo, que es mi voluntad lo sean los poseedores del dicho Vínculo y Mayorazgo y cada uno de ellos conforme fueren sucediendo en él, según su fundación, de forma que este Patronato ha de estar siempre unido a dicho Mayorazgo para que obtenga uno y otro el que fuere su poseedor, pero con la expresa calidad y condición que el que fuere Patrono no ha de poder ser Capellán porque totalmente lo prohibo. Con las cuales circunstancias harán los referidos mis albaceas la fundación de dichas cuatro Capellanías, gobernándose en ella por lo literal de esta cláusula sin innovar cosa alguna en todo su contenido, dándoles el paradero que consideraren ser más del agrado y servicio de Dios nuestro señor, a cuyo fin dedico esta disposición.

9) Declaro di una lámpara de plata a la Parroquia del Señor San Pantaleón de dicho lugar de Castillo Pedroso, donde fui bautizado, para que se pusiese, como lo está, en el altar mayor y alumbrase al Santísimo Sacramento; y ahora es mi voluntad dotarla, y a este fin ordeno y mando se separen de mis bienes trescientos pesos escudos de plata por una vez, los cuales se impongan a censo sobre fincas de aquel territorio o su cercanía para que con lo que fructificaren se compre el aceite que alcanzare la renta y alumbre dicha lámpara todo el año a su Majestad Sacramentado, corriendo esta administración por mano del Sr. Cura de dicha Parroquia y de los demás que le sucedieren en el mismo empleo perpetuamente para siempre.

10) Item es mi voluntad y ordeno se saquen de mis bienes por una vez cuatrocientos pesos escudos de plata y se den: Los doscientos de ellos para dorar el retablo de dicho altar mayor de la Parroquia del Sr. San Pantaleón, y los doscientos restantes para dorar el retablo de Nuestra Señora del Rosario del dicho lugar de Castillo Pedroso, mi Patria, de cuya distribución se ha de tomar razón y recibos de los Maestros que corrieren con estas obras, quedando al cuidado de los Sres. Curas de dicho lugar noticiarlo al Ilmo. Sr. Arzobispo de Burgos para que su Ilma. se sirva hacer se cumpla esta mi voluntad, como rendidamente se lo suplico.

11) También es mi voluntad se den de mis bienes por una vez doscientos pesos escudos de plata para dorar el retablo de la Capilla del Sr. San Pedro, sita en dicho lugar de Castillo Pedroso en la forma y con las mismas circunstancias prevenidas en la cláusula antecedente.

12)Item ordeno y mando se saquen de mis bienes por una vez dosmil y quinientos pesos escudos de plata que valen tresmil cuatrocientos y nueve ducados de vellón, los cuales, libres de todos costos y gastos, es mi voluntad que mis albaceas de España, interponiendo la autoridad y licencia del Ilmo. y Rmo. Sr. Arzobispo de Burgos o del Sr. su Provisor y Vicario General, los impongan a censo redimible sobre fincas y posesiones seguras en el territorio de dicho lugar de Castillo Pedroso, mi Patria, y sus cercanías, y no habiendo allí oportunidad, en las que hallaren más a propósito dentro de dicho Arzobispado de Burgos, y así impuestos, queden aplicados como yo desde luego los consigno.

Y aplico: Los un mil y cien ducados vellón de principal por finca para mantener y conservar perpetuamente para siempre en el dicho lugar de Castillo Pedroso, dentro de su población una escuela para que en ella sean enseñados la Doctrina Cristiana y a leer, escribir y contar los niños así naturales del mismo lugar, como todos los demás de aquellos contornos que concurrieren a dicha escuela, sin estipendio alguno de sus padres, porque con la renta de los unmil y cien ducados que ha de percibir y gozar en cada un año el maestro que fuere de ella, ha de contentarse y quedar satisfecho de su trabajo y ocupación y ser obligado a cumplir con el cargo de su ministerio sin pretender ni ser necesario dársele otra cosa alguna. Y los dosmil trescientos y nueve ducados vellón restantes por finca y caudal principal para mantener y conservar así mismo perpetuamente para siempre en el dicho lugar de Castillo Pedroso, dentro de su población, casa o clase de estudios de Gramática donde sean enseñados de balde y sin estipendio alguno, así los naturales del mismo lugar, como todos los demás que concurrieren de cualesquiera partes de dicho Arzobispado de Burgos a aprender la Gramática, porque con la renta que fructificaren los dichos dosmil trescientos y nueve ducados vellón de principal que ha de percibir y gozar en cada un año el Preceptor o Maestro que fuere de ella, ha de contentarse y quedar satisfecho de su trabajo y ocupación sin pretender ni ser necesario, dársele otra cosa alguna. Y deseando yo que uno y otro Maestro de Escuela y Gramática sean los más idóneos y personas de letras, virtud y bien inclinadas para que redunde todo en mayor honra y servicio de Dios nuestro señor y utilidad de los que se aprovecharen de esta conveniencia,es mi voluntad que la elección y nombramiento de ellos haya de ser y sea perpetuamente, para siempre, por el Ilmo. y Rmo. Sr. Arzobispo de Burgos, a quien con el mayor rendimiento pido y suplico se sirva aceptar este cuidado por caridad y por el bien de sus pobres ovejas, que, siendo así, como lo espero de su Ilma., no tendrán más que desear por la particular aplicación que pondrá  en que los tales Maestros sean los más a propósito y de las calidades que he referido en esta cláusula, y para que así nombrados cumplan con su obligación y en las vacantes haya parte legitima que dé noticia de ellas a su Ilma. para su provisión y obrar en esto y sus incidencias y dependencias cuanto sea conveniente a su inviolable observancia, doy poder y facultad cumplida a los Poseedores del Vínculo y Mayorazgo que he de fundar en este mi testamento a cada uno en su tiempo para que con título de Patronos de estas dotaciones que quiero lo sean de ellas perpetuamente para siempre, cuiden de que se cumpla y ejecute lo contenido en esta cláusula, y también que en la Escuela y Clase de Estudios de Gramática se rece en cada un día por los que concurrieren a aprender en ellas, un Paternoster y una Avemaría por mi alma, las de los Sres. mis padres y demás mis difuntos, encargándolo así a los Maestros para que lo prevengan y adviertan a sus discípulos lo hagan y cumplan sucesivamente para siempre.

13) A Don Fernando Ruiz de Collantes, mi sobrino, hijo de Don Fernando Ruiz de Villegas Collantes y de Doña María Díaz de Terán su mujer y mi hermana, dejo un mil pesos escudos de plata de los que hoy valen quince reales de vellón por una vez, y si yo le sobreviviere, se los dar n a sus hijos y hijas aunque sea uno solo, y si no hubiere dejado alguno, los heredarán en la misma forma los hijos y hijas de Don Felipe Ruiz de Villegas, su hermano y mi sobrino.

14) Item es mi voluntad y ordeno se den por una vez de mis bienes unmil pesos escudos de la misma plata al dicho Don Felipe Ruiz de Villegas, mi sobrino, y si yo le sobreviviere, se le darán a sus hijos y hijas aunque sea uno solo, y no teniéndolos, los heredaránlos hijos y hijas que entonces tuviesen sus hermanos Don Sancho y Don Fernando Ruiz de Villegas Collantes, mis sobrinos, por iguales partes.

15) A Don Francisco Guazo, mi sobrino, hijo de Don Francisco Guazo y de Doña Ana Díaz de Terán, su mujer y mi hermana, dejo unmil pesos escudos de plata por una vez y si muriere antes que yo, es mi voluntad los hereden sus hijos y hijas aunque sea uno solo, y no teniéndolos vuelvan al tronco de mis bienes.

16) A Doña Catalina Díaz de Terán, mi hermana, dejo unmil pesos escudos de plata por una vez, los cuales le aplico para poner en estado a mi sobrina Doña María García de Terán, su hija y de Don Bernabé García de Terán su marido, y si la dicha Doña María mi sobrina hubiere fallecido vuelvan al tronco de mis bienes.

17) A los hijos y hijas de Doña Ana Díaz de Terán, mujer de Don Francisco Ruiz Díaz ambos difuntos, dejo trescientos pesos escudos de plata por una vez, y si todos ellos hubieren fallecido, es mi voluntad sucedan en este legado los descendientes que entonces tuvieren los susodichos que al presente viven en Villasuso, valle de Nievas.

18) Item es mi voluntad, y ordeno se saquen de mis bienes por una vez, cuatrocientos pesos escudos de plata los cuales se repartan por mis albaceas entre mis parientes más pobres, atendiendo a los de mayor necesidad, regulando los que hubiere para igualarlos en esta limosna, y si concurriere alguno que no sea deudo mío y conocieren su extrema necesidad, le darán algún socorro, obrando en todo ello dichos mis albaceas con la prudencia y discreción que fío de sus conciencias, como que están presentes y tienen a la vista el conocimiento de los sujetos y necesidad de ellos.

19) Declaro que por la misericordia de Dios nuestro señor no me acuerdo deber al presente cosa alguna en poca ni en mucha cantidad, pero si al tiempo de mi muerte constare legítimamente ser yo deudor de alguna porción, es mi voluntad y ordeno se pague puntualmente de mis bienes para el descargo de mi conciencia.

20) Declaro que los bienes de Don Felipe de Ceballos, natural que fue del lugar de Escobedo en el valle de Carriedo, que murió en esta ciudad de Cádiz y dejó sus dependencias en la de Guatemala, Provincia de Honduras, en poder y a cargo de Don Francisco Navarro de Mendoza, vecino de ella, me son deudores de unmil setecientos setenta y ocho pesos y dos reales de plata antigua de los que llaman escudos en estos Reinos de Castilla, mando se cobren.

21) Declaro que el alférez Andrés de Fevas, vecino del pueblo de San Antonio Suchitepeque, jurisdicción de la ciudad de Guatemala, me es deudor de doscientos diez y ocho pesos escudos de plata, mando se cobren.

22) Declaro tengo por bienes míos propios cuarenta y unmil veinte y dos pesos y medio de los que llaman escudos de plata que he dado a riesgo en esta presente flota del cargo del General Don Manuel de Velasco, a diferentes personas a pagar en el puerto de la ciudad de la Veracruz de la Nueva España, como consta de escrituras otorgadas a mi favor en el oficio y registro del infrascrito escribano y, por su ausencia, ante Diego Bermudez que lo es del número de esta ciudad a que me refiero.

23) Declaro tengo así mismo por mis bienes la porción de ochomil pesos escudos de plata que, en diferentes géneros están embarcados en la referida flota, como consta de la referida cuenta y razón que de ellas tengo en mi poder, satisfechas averías, derechos y demás costos y gastos.

24) Declaro tengo también por mis bienes, los raíces de mis legítimas Paterna y Materna que constarán en los oficios o archivos de los escribanos del valle de Toranzo a que así mismo me remito.

25) Y atendiendo a que la memoria y lustre de las casas y familias se conserva  y perpetua por medio de los vínculos y Mayorazgos, y que demás de ello y de vivir con porte y decencia los poseedores pueden más bien amparar a los de su linage y servir a los Reyes en las ocasiones que se ofrecen, es mi voluntad fundar, como desde luego fundo, Vínculo perpetuo con nombre y título de Mayorazgo y por bienes  de él, consigno y adjudico mis casas patrimoniales que tengo en el dicho lugar de Castillo Pedroso, valle de Toranzo, inmediatas a la Iglesia Parroquial, vocación del Sr. San Pantaleón y los bienes raíces, tierras y heredades que por mis legítimas y herencias constare pertenecerme, como también todos los demás que de la misma calidad fueren míos propios y quedaren por mi fallecimiento así en aquellos términos como en toda la jurisdicción del Arzobispado de Burgos, en las cuales casas y bienes raíces quiero y ordeno se gaste y consuma en reparos y mejoras por mano del primero poseedor de dicho vínculo perpetuo con intervención del inmediato sucesor que ha de ser parte legitima para obligarle a ello, la porción de cuatromil pesos escudos de plata que se han de sacar por una vez de mis bienes para este fin. Y demás de esto es mi voluntad se empleen en bienes raíces, tierras y heredamentos o imposiciones de censos o en uno y otro en dicha jurisdicción del Arzobispado de Burgos a favor del referido vínculo perpetuo por la misma mano y con la propia intervención la cantidad de diez y seis mil pesos escudos de plata por una vez y así impuestos y empleados han de que dar como desde ahora para cuando lo estén, los dejo juntos y consolidados con las referidas mis casas y todos los raíces, que como tengo expresado fueren de mi patrimonio y los demás que parecieren y se hallaren míos propios por mi fallecimiento en dicha jurisdicción del  Arzobispado de Burgos, unos y otros por caudal principal de dicho Vínculo perpetuo, y hechos ellos un cuerpo, se conserven perpetuamente indivisibles e inalienables sujetos a restitución sin que se puedan empeñar, cambiar, permutar, censuar, obligar, hipotecar tácita ni expresamente, ni en otra manera enagenar con título ni pretexto  alguno por grave y urgente que sea, aunque para ello proceda facultad real con motivo de utilidad o otra causa, porque absolutamente lo prohibo y quiero que, siempre y en cualquier tiempo que necesiten de reparo para su conservación, sean obligados a hacerlos los poseedores, compeliéndoles a ello el inmediato sucesor, los cuales, y cada uno en su tiempo, han de ser obligados a mandar decir por mi alma, las de los Sres. mis padres y demás mis difuntos en la referida iglesia parroquial del Sr. San Pantaleón donde fui bautizado, un novenario de Misas cada año perpetuamente, y a vivir precisa e indispensablemente, mientras poseyeren dicho Mayorazgo, en territorio y jurisdicción del dicho Arzobispado de Burgos, y también a llamarse y firmarse en todos sus escritos el nombre y apellido de Santos Díaz de Terán, prefiriéndolo al suyo propio a fin de que permanezca en ellos la memoria del fundador para que la tengan de encomendarme a Dios.

Y en caso que alguno o algunos de dichos poseedores, contravinieren al cumplimiento de todas las referidas condiciones, o cualquiera de ellas, por el mismo hecho los excluyo del goce y posesión y pase al siguiente llamado, observándose esto mismo tantas cuantas veces sucediere lo referido con las cuales circunstancias, cargos y gravámenes, nombro por primero poseedor de dicho vínculo perpetuo con nombre y título de Mayorazgo, y goce de los frutos y rentas de los bienes de él, al dicho Don Sancho Ruiz de Villegas, mi sobrino, hijo de los referidos Don Fernando Ruiz de Villegas Collantes y Doña María Díaz de Terán, su mujer y mi hermana, y por fin de sus días a sus hijos, nietos y demás descendientes de matrimonio legitimo, prefiriendo el mayor al menor y el varón a la hembra, siendo solo siempre uno el poseedor según la forma regular de suceder en los Mayorazgos de España; y por falta de esta descendencia, a Don Felipe Ruiz de Villegas, mi sobrino y hermano del dicho Don Sancho, y por su fallecimiento a sus hijos, nietos legítimos de legitimo matrimonio, prefiriendo en la misma forma el mayor al menor y el varón a la hembra, y por falta de ellos, a Don Fernando Ruiz Collantes, hermano de los susodichos, mi sobrino, y por fin de sus días a sus hijos, nietos y demás descendientes de matrimonio legitimo preferidos según los anteriores nombramientos, y en falta de esta descendencia a Doña Ana Díaz de Terán, mi hermana, mujer de Don Francisco Guazo y, por su muerte a Don Francisco Guazo su hijo y mi sobrino, y por la de este a sus hijos, nietos y descendientes legítimos de legitimo matrimonio, prefiriendo en la misma forma el mayor al menor y el varón a la hembra, y en falta de esta descendencia, a Doña Catalina Díaz de Terán, mi hermana, mujer de Don Bernabé García de Terán, y por su fallecimiento a Doña María García de Terán, su hija y mi sobrina, y por el de esta, a sus hijos, nietos y descendientes de matrimonio legitimo con la prelación del antecedente nombramiento, y fenecida esta descendencia, a Don Juan Díaz de Terán mi sobrino, hijo de Don Juan Díaz de Terán mi hermano difunto y Doña María de Guzmán su mujer, y por fin de sus días en la misma forma a sus hijos, nietos y descendientes de legitimo matrimonio, prefiriendo el mayor al menor y el varón a la hembra, y en falta de esta descendencia a Doña Francisca Javiera de Terán, mi sobrina y hermana de dicho Don Juan Díaz de Terán, vecina de la ciudad de México de la Nueva España y por su muerte a sus hijos, nietos y descendientes de matrimonio legitimo en la misma forma declarada en los precedentes nombramientos, y fenecidas las referidas descendencias, llamo y nombro al goce de los frutos y rentas de dicho vínculo perpetuo con nombre y título de Mayorazgo, a todos mis parientes de consanguinidad y de legitimo matrimonio de ambas mis dos líneas en cualquier grado que sean, prefiriendo entre ellos a los de la Paterna a los de la Materna, en unos y otros el más propincuo al remoto, y concurriendo dos o más en igual grado, el mayor en edad.

Y excluyo del goce y posesión de este vínculo perpetuo a los que de los hasta aquí nombrados fueren religiosos o religiosas de cualquiera religión. Y es mi voluntad que los bienes de él no puedan ser confiscados ni perdidos por delito de heregía, crimen lessa Magestatis, pecado nefando o otro que ( lo que Dios no permita ) cometa el poseedor, porque veinte y cuatro horas antes que lo tal suceda, se ha de entender estar excluido, como expresamente lo excluyo, de la posesión, quedando desde entonces transferida en el inmediato llamado: Y por falta total de los referidos mis parientes, quiero y mando que todos los dichos bienes juntos, queden y se conserven perpetuamente para siempre hiniestos y reparados a costa de sus frutos y rentas, prohibida totalmente su enagenación por caudal principal de un patronato de legos que desde ahora para entonces fundo, de que ha de ser patrono perpetuo el Ilmo. y Reverendísimo Sr. Arzobispo de Burgos y todos los demás señores que le sucedieren en la misma dignidad perpetuamente para siempre con el poder y facultad que por derecho se requiere para que corran con su administración, reciban y cobren sus frutos y rentas y los distribuyan en esta forma: Lo primero se han de sacar de la renta cien ducados de vellón cada año, y aplicarlos su Ilma., como yo desde luego los aplico, los cincuenta ducados por más estipendio al Maestro de la Escuela de niños, y los otros cincuenta al preceptor de gramática de dicho lugar de Castillo Pedroso, mi Patria, para que con este acrecentamiento de renta cada año, junto con la que les tengo señalada en la cláusula doce de este mi testamento, puedan más bien mantenerse con decencia; y el resto de los frutos y rentas de los referidos bienes de este Patronato ( bajados los gastos de administración que a S.Sª. Ilma. pareciere aplicar a quien de su orden corriere con ella ) quiero y es mi voluntad, se convierta y distribuya cada año perpetuamente para siempre en dotes para casamientos de doncellas pobres, naturales de dicho Arzobispado de Burgos, prefiriendo entre ellas a las nacidas y bautizadas en dicho lugar de Castillo Pedroso, mi Patria, aplicándoles Su Ilma. dicho Sr. Arzobispo a cada una la porción que prudencialmente le pareciere conforme a la calidad de ellas, porque así esto, como todo lo demás que ocurriere en orden a la mejor administración, conservación de los bienes y distribución de su renta anualmente en los fines referidos, lo dejo y remito al gobierno y discreción de Su Ilma., por considerar, como considero, lo dispondrá  y ejecutará ejercitando su Caridad como sea más del agrado y servicio de Dios nuestro señor.

26) Y cumplido y pagado este mi testamento y cuanto en él tengo dispuesto y ordenado, en el residuo de todos mis bienes, derechos y acciones, respecto de no tener, como no tengo, herederos forzosos, ascendientes ni descendientes, instituyo y nombro por universal heredera a mi Alma para que en beneficio de ella se distribuya enteramente dicho residuo por mano de mis albaceas que he de nombrar en este testamento para las montañas de Burgos en sufragios, dotaciones de fiestas, Capellanías, Memorias de Misas y demás cosas de Piedad que les pareciere o en cualesquiera a los fines referidos con la expresa calidad y condición que en todo lo que así obraren y ejecutaren, ha de intervenir para el mejor acierto y disposición, el Ilmo. y Revmo. Sr., que entonces fuere Arzobispo de Burgos, y por muerte, el caso de no estar cumplida enteramente la distribución, de Ilmo. Sr. Arzobispo que le sucediere en la misma dignidad, hasta que en el todo quede perfecta y fenecida; para lo cual con la calidad referida, doy expreso poder y facultad a dichos mis albaceas con libre arbitrio y general administración, sin reserva ni limitación de circunstancia alguna que para ello sea necesaria.

27) Y para cumplir y pagar este mi testamento y cuanto en él dejo prevenido y dispuesto, nombro por mis testamentarios y albaceas para esta Andalucía a Don Juan de Bizarrón y Aranibar, Caballero del Orden de Alcántara, vecino de la ciudad de Puerto de Santa María y por su falta a Don Manuel de Arce, caballero del Orden de Santiago, vecino de la de Sevilla; y para en todas las partes de la jurisdicción del Arzobispado de Burgos, a los referidos Don Sancho, Don Felipe y Don Fernando Ruiz de Villegas Collantes, hermanos mis sobrinos a cada uno de los tres por el orden y con la preferencia que los dejo nombrados; y por muerte de ellos a Don Bernabé García de Terán, y por la de este a los licenciados Don Fernando Muñoz de Terán, Cura del dicho lugar de Castillo Pedroso y Don Sebastián García de Terán. abogado en los Reales Consejos, mis primos a ambos juntos en un mismo lugar; y para el reino de la Nueva España al Maestre de Campo Don Luis Saenz de Tagle, caballero del Orden de Alcántara, y por su falta, ausencia o otro legitimo impedimento, al Sargento Mayor Don Pedro Sánchez de Tagle, caballero del Orden de Calatrava, y por la de ambos al Alférez Don Francisco Díaz de Tagle, vecinos de la ciudad de México y para en la de la Veracruz del mismo reino al Capitán Don Lucas de Llano Salazar y por su falta a Don Luis Saez de Miera vecinos de ella, a todos los cuales y a cada uno por la orden, con la preferencia, y para en las partes que los dejo nombrados doy el poder, facultad que por derecho se requiere para que por mi fallecimiento, cumplan esta mi ultima disposición en lo que fuere de su cargo conforme lo literal de ellas, entren en mis bienes y efectos, pongan cobro a todos ellos, los reciban generalmente en cualquier especie, porción y calidad que sean de las personas que los debieren y en cuyo poder pararen por confianza, débitos o en otra cualquiera forma, en virtud de instrumentos públicos, conocimientos, facturas, partidas de libro y de registro, cuentas, vales, libranzas, encomiendas, consignaciones, legados, herencias, restituciones, cartas, ordenes y otros papeles simples y auténticos, o sin ellos sin reservación alguna, con la calidad que todo lo que así recibieren mis testamentarios de la Veracruz, lo hayan de remitir y remitan a los de México, por haber de ser, como quiero sean estos, últimos tenedores de todos mis bienes con la preferencia que quedan nombrados en dicho reino de Nueva España, relevados de fianzas, con la facultad de administrarlos y beneficiarlos como más conveniente les parezca, ajustar y liquidar  mis quintas y dependencias, dar satisfacción de lo que legítimamente constare quedar yo debiendo, sin necesitar para ello la autoridad judicial ni otra alguna solemnidad aunque por derecho sea necesaria repecto de la entera satisfacción que tengo de los susodichos y que lo ejecutarán todo ello con aquella justificación que fío de sus conciencias, sin que queden en otra alguna obligación más que la de que luego que hayan liquidado mi caudal, remitan a España el neto procedido de él en las Naves del Rey que a la sazón estuvieren en el puerto de la Veracruz para venir a estos reinos de Castilla, repartido igualmente en ellas con la formalidad ordinaria de conocimiento, que declaren venir por cuenta y riesgo de mi disposición testamentaria a entregar a los referidos mis albaceas de Andalucía, para que estos lo hagan remitir y remitan en la primera conducta a mis testamentarios de la jurisdicción del Arzobispado de Burgos para el cumplimiento de este mi testamento, con lo cual han de haber cumplido unos y otros enteramente con el cargo de su obligación pues para ello a mayor abundamiento, desde luego para cuando así lo ejecuten los de Indias y Andalucía, les doy por libres de dicho albaceazgo, administración y tenencia de bienes, y mando que en orden a la liquidación y cuenta de ellos, se esté y pase por la que den los susodichos, por la mucha satisfacción que ( como he referido ) tengo de su cristiandad; y entrado que sea el dicho mi caudal en poder de los dichos mis albaceas de la jurisdicción del Arzobispado de Burgos, como tenedores de él, han de dar entero cumplimiento a lo que tengo ordenado y dispuesto en este mi testamento con las circunstancias y calidades en él prevenidas, para todo lo cual, cada cosa y parte de ello, dar cartas de pago, finiquitos, gastos, cancelaciones, y otros instrumentos con fe de entrega, o renunciación de sus leyes y demás requisitos necesarios, parecer en juicio, hacer las ejecuciones, juramentos, apremios, pretensiones, autos y diligencias que convengan en ambos..... y en todas instancias al mejor expediente, administración y cobro de los referidos mis caudales y efectos, les doy este poder para que ampliamente usen de él dentro o fuera del término del derecho, porque les prorrogo todo el más tiempo de que necesitaren con libre y general administración y facultad  de substituirlo con la propia o más limitada voluntad, usar de él a un mismo tiempo y cobrar de los substitutos lo que constare haber recibido con la obligación y relevación del derecho.

28) Revoco y doy por de ningún valor cualesquiera testamentos, poderes, codicilos y otras últimas disposiciones que antes de ahora haya hecho por escrito o de palabra, para que no valgan en juicio ni fuera de él si no es tan solamente este testamento que quiero y ordeno se cumpla y ejecute inviolablemente por mi ultima y determinada voluntad en aquella mejor forma que haya lugar en derecho, en cuyo testimonio así lo otorgo ante el infrascrito escribano público, mayor del cabildo y testigos en la ciudad de Cádiz a cuatro días del mes de Julio de mil seiscientos noventa y nueve años y el Sr. otorgante a quien yo dicho escribano doy fe conozco, y que estaba según pareció en su libre juicio, memoria y entendimiento, lo firmó en mi registro siendo testigos el Alférez Antonio Alonso de Celada, Domingo Corta, Corredor de Lonja y Nicolás de Alburquerque, vecinos de Cádiz-enmendado Cape-Vale.-

 

              Santos Díaz de Therán.

 

                                                  Ante mi.

                                             Francisco del Solar



 


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