Venta para Sebastián de Escobedo, vecino de Barriopalacio, que otorgan Juan Díaz de Therán y María González de Álvaro,su mujer, vecinos de dicho lugar del valle de Anievas.


   Nos Juan Díaz de Therán y María González de Álvaro su mujer, vecinos del lugar de Barriopalacio del valle de Anievas, permisa la licencia y facultad que de derecho se requiere de marido a mujer, demandada y aceptada, de que yo el escribano doy fe. Y de ella usando juntos y de mancomún a voz de uno y cada uno de nos y nuestros bienes por si y por el todo in solidum, renunciando como renunciamos todas las leyes y derechos de la mancomunidad en forma como en ellas y en cada se contiene. Otorgamos que damos en venta real por juro de heredad para agora y para siempre jamás a Sebastián García de Escobedo, vecino de dicho lugar, para él, su mujer y quien su derecho hubiere en cualquier manera, es a saber una tierra que tenemos en la Vega de la Hoz, que linda con tierras de dicho comprador, de Juan Gutiérrez de Liaño y cerradura de dicha vega, con todas sus entradas y salidas, usos, costumbres, derechos y servidumbres que la pertenezcan en  cualquier manera. Libre de todo censo, tributo, poteca, pensión, ni obligación especial ni general, en precio de diez y nueve ducados de vellón que por ella nos ha dado, de la cual cantidad nos damos por pagados a nuestra voluntad.

Y porque su entrega, que es cierta, no parece de presente, renunciamos las leyes y excepción de la non numerata pecunia, paga engaño y demás del caso, como en ellas y en cada una se contiene. Confesamos que dicha cantidad es su justo valor, y, si más valiere, de la demasía para siempre jamás por nos y los nuestros, concesión de todos mis derechos y acciones, le hacemos gracia y donación, buena, perfecta, irrevocable que llama el derecho intervivos, cerca de lo que renunciamos las leyes del ordenamiento real hechas en las Cortes de Alcalá de Henares, que hablan en razón de las cosas que se compran o venden por más o menos de la mitad del justoprecio, y del remedio de los cuatro años en ellas declarados que teníamos para pedir suplimiento y, desde luego, por la presente desistimos de la tenencia y señorío que teníamos a dicha heredad y lo renunciamos en dicho comprador y sus herederos, y le damos nuestro poder cumplido para que la pueda llevar, enajenar y disponer de ella a su voluntad, y para que con licencia de Justicia o sin ella tome su posesión, y, en el ínterin, nos constituimos por sus tenedores, y por posesión real, le entregamos esta escritura, y, por ella, nos obligamos a su evicción y saneamiento en forma, y a que no le será quitada ni demandada. Y siéndolo, saldremos a la defensa de cualquiera pleito que se la ponga, hasta le dejar en pacífica posesión de dicha heredad donde no le volveremos dicha cantidad con más todas las costas y daños que en dicha razón se le causaren, cuya liquidación diferimos en el juramento in litem de la persona o personas que lo gastaren, para cuya ejecución obligamos dichas nuestras personas y bienes muebles y raíces habidos y por haber, y damos nuestro poder cumplido a las Justicias de Su Magestad que, según derecho, se le debemos dar, para que por todo rigor nos compelan a lo que dicho es, como si fuera sentencia definitiva de Juez competente pasada en autoridad de cosa juzgada. Renunciamos todas las leyes y derechos de nuestro favor con la general en forma.

     Y yo, la susodicha, renuncio también las de lo Emperadores de Toro y partida y todas las demás que hablan en favor de las mujeres, de que yo el escribano la avisé y sabedora las renunció, de que doy fe. Y juro en forma de derecho de no ir contra esta escritura en ningún tiempo, por mi dote ni por otra ninguna causa que ser pueda, pena de perjura, caer en caso de menos valer, y de este juramento no pedir‚ absolución a ningún Juez que me la pueda conceder. Y si de su motu me fuere concedida, no usar‚ de ella y a la firmeza sí juro. En fe de lo cual lo otorgamos ansí ante el presente escribano y testigos en dicho lugar de Barriopalacio en diez y nueve días del mes de Marzo de mil setecientos y uno años siendo testigos Juan González de la Puente, Juan Merino y Juan de la Serna, vecinos de dicho lugar, y los otorgantes, que yo el escribano doy fe conozco, lo firmó el que supo y por el que no, un testigo de los dichos.

 

     Jº díaz             ttº Juan Merino

    de therán                                                                                 Ante mí

                                                                                   Juan Francº deel Castillo

                                                                                             Zevallos


Inicio