La Hidalguía


LA HIDALGUÍA EN EL PUEBLO  CANTABRO.

Su carácter casi universal y la razón de su origen en las montañas de Santander.

Análisis de padrones de los SS XVI-XIX.

Linajes principales en algunos lugares y condición histórico social

 

                                                                                                      Juan José Leñero Ferrari

 

Introducción.

 

El presente trabajo, es la introducción a un plan quizá un poco ambicioso de investigación, de los diferentes linajes de Cantabria y sus entronques con los linajes americanos, en especial bolivianos.

 

He comenzado con un estudio, de lo que me parece es el rasgo más sobresaliente de los habitantes de esta región de España: su hidalguía casi universal.

 

Mi investigación ha consistido en primer lugar en preguntarme qué es la Hidalguía, de qué privilegios gozaban los que la obtenían, en qué sentido es superior a la nobleza titulada, diferencias y articulaciones.

 

Y en segundo lugar con respecto a su origen, he buscado una explicación, que fuese más satisfactoria, que la muy difundida y conocida teoría de los príncipes visigodos, refugiados en las montañas de Santander. He optado por aquella que expone Don Bernardo De Mirones Morlán[1],  haciendo de la libertad individual, valor precioso del que siempre gozó el pueblo cántabro, el origen de la Hidalguía.

 

He realizado un análisis de Padrones que se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Cantabria y en diferentes Archivos Históricos Municipales de Cantabria, así como  las declaraciones en los Memoriales del Catastro del Marqués de la Ensenada (1752-1753), y en lo que respecta a algunos lugares, también los Padrones para el pago de moneda forera, de los siglo XVI, XVII y XVIII y algunos del XIX.

 

Finalmente,  incluiré un esbozo de análisis de algunos linajes principales de ciertos lugares de Cantabria, de los que dispongo información además de los padrones, de los libros sacramentales que se conservan en el Archivo Diocesano de Santander, que se encuentra en Santillana de Mar.[2] Tendrá la forma de collage, de una serie de flash los que serán retomados en trabajos posteriores.

 

A modo de apéndice, incluiré algunos árboles, con alguna  información genealógica de los linajes citados,  la mayoría de mi familia o con alguna relación con ella.


 

 

 

 Aquí todos son hidalgos. Arpaceros y hacendados, pastores y trajinantes, molineros y leñadores. Todos son hidalgos, todos son señores.

Aquel mendigo, que reposa a la sombra de los álamos y remienda su zamarra, es un hidalgo. Las castas se confunden, se mezclan. Lo mismo da el escudo de la portalada que la puerta de estorneja del estragal pobre. Una solana y un ventano es lo mismo. La hidalguía está en el portal pobre y en el zaguán señoril, tras las ventanas modernas y los postigos viejos, bajo las blusas y las levitas. Está en todos los hombres y en todas las cosas. En el vaquero de los puertos, en el mozo de labor que rompe el terrón a golpe de mazo, en la torres de los palacios, en el sobrado de lo labriegos, en las brañas, en las riberas.

Aquí todos son hidalgos ..."

Manuel Llanos en "Tierra de Hidalgos"

Obras Completas, Santander.


 

La condición de hidalgo: Aspectos económicos, jurídicos, políticos y sociales.

 

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, define al Hidalgo como        Persona que por su sangre es de una clase noble y distinguida. Llámase también hidalgo de sangre.[3] Ya Mexia [4] en escueta, pero precisa, frase la definió: "Hidalguía -dice- es nobleza que viene a los hombres por linaje."

 

La palabra hidalgo solía ir acompañada de diferentes calificativos. No significa, salvo en las limitaciones que se aprecian perfectamente, que esta calificación determine diversas categorías en la hidalguía [5].  .

 

Repasemos brevemente, los adjetivos con los que viene generalmente acompañado el término hidalguía:

 

Hidalgo de Ejecutoria: Quien en juicio contradictorio efectuado ante el tribunal competente ha litigado su hidalguía y probado ser hidalgo de sangre.

Hidalgo notorio de sangre: Aquel que lo es por nacimiento.

Hidalgo de solar conocido: El que tiene casa solariega o desciende de una familia que la ha tenido o la tiene.

Hidalgo de devengar 500 sueldos: Esta calificación no está suficientemente demostrada. Se atribuye a los Hidalgos de sangre que recibían agravio de otro, en satisfacción de él, por sentencia judicial, devengaba 500 sueldos, y en igual injuria el villano no podía devengar más de 200. Otros la definen como por ser el alistamiento o paga que recibían de los Reyes hidalgos de sangre que les servían en la guerra.

Hidalgo de privilegio: Aunque en este calificativo se incluye a todos los que no lo son de sangre, especial y específicamente es quien la obtiene por Privilegio Real en virtud de sus merecimientos. Puede ser personal o transmisible esta Hidalguía, así como dada al interesado o en cabeza de su padre para ganar, en la transmisible una generación y acortar la distancia con la de sangre.

Hidalgo de beneficio:  Quien compraba la Hidalguía que para beneficiar otorgaban los Reyes generalmente a conventos o instituciones benéficas, aunque no es de excluir la venta para atenciones bélicas. Excepto en casos particulares, esta Hidalguía era exclusivamente para beneficio de la persona que la había adquirido.

Hidalgo personal: Denominación diferente que aparece en padrones y que, con toda certeza, se debe referir a la beneficiada, ya que por cargos o dignidades es sumamente extraño distinguir el estado de quienes los desempeñaban.

Hidalgo por cargo: Aunque también alguna vez se denomina de esta manera, es un concepto que pudiera confundirse con la personal, pues se limitaba a la exención de tributos en tanto se venía disfrutando el cargo, cesando al terminar el mismo.

Hidalgo de bragueta: El que goza del privilegio de Hidalgo por haber tenido siete hijos varones. Nobilitatus foecunditate prolis. Sin embargo, parece que esta hidalguía se transmitía, pues en algunos de los escasos padrones en donde figuran aparece quien se le señala con ella y sucesivamente los hijos de éste, pero ya sin calificativo. Por ello, a juicio de Don Vicente de Cadenas y Vicent, es necesario apreciarla como origen de nobleza.

Hidalgo de Gotera:  La persona que gozaba del privilegio de Hidalgo únicamente en un lugar, y que saliendo de allí no eran tenidos por tales Hidalgos. Inmunis localis. Sobre esta calificación de la Hidalguía no se tiene noticia que la defina de manera terminante; no obstante, se puede establecer que es diferente a la de sangre, aunque no es posible excluir que sea transmisible. Quizá el origen, fuese la Hidalguía concedida a todos los habitantes de un lugar o territorio.

Hidalgo de Cuatro Avolorios: Idéntico, aunque con denominación diferente, al Hidalgo de los cuatros costados.

Hidalgo a Fuero de España: Esta expresión a juicio del nombrado D. Vicente de Cadenas, no se ha logrado identificar en las hidalguías anteriores a 1836. Se piensa que en ella deben concurrir las circunstancias particulares de las hidalguías de sangre. Modernamente, al menos, así viene conceptuada y aceptada de manera terminante.

Hidalgo, Pobre de Solemnidad: Es frecuente encontrar en las partidas de defunción, principalmente en el Norte de la Península, inscripciones de este tenor. La condición de hidalgo no se perdía y, en último acto de su ciclo terrestre, al recibir la sepultura su cuerpo, el párroco del lugar, al efectuar la inscripción, seguramente quería dejar constancia de la calidad heredada, por el difunto, de sus antepasados. Con idéntica distinción se encuentra en los padrones de distinción de estado.[6]

Hidalgo Pobre de Cuna: Semejante a la denominación anterior. Su empleo es mucho menos común, casi desconocido.

Hidalgo Montañés: Con esta denominación se pretende identificar principalmente a los hidalgos originarios de las montañas de Santander También aparece la expresión en padrones pertenecientes a Concejos de las montañas de Burgos y León.

Hidalgo del Páramo:  Esta expresión, en los padrones que aparece, no figura con aclaración alguna. Quizá, por los padrones en donde se encuentra, puede interpretarse como hidalgo nuevo, en relación al de la montaña: viejo por ser sus montañas el baluarte primitivo de la Reconquista.

Hidalgo de Indias: Bajo cuya denominación figurada se puede incluir a todos aquellos que, sin perjuicio de la nobleza que por sangre les pudiera corresponder, como en varios grupos sucede, demuestran ser o descender de los descubridores y conquistadores de tierras, pobladores de villas y lugares, encomenderos y los que ocupaban cargos en los Concejos y Cabildos, considerándoles cabeza de linaje y, por ello, habiendo transcurrido tres generaciones, sus descendientes por línea agnada se les puede estimar como nobles de sangre, de acuerdo con la doctrina de la Reales Cédulas y Pragmáticas de los Reyes Católicos.

 

Igualmente deben ser incluidos en este género de hidalgos los descendientes de los caciques - equiparados a cargos de gobierno -, y a quienes los Soberanos españoles consideraron siempre como nobleza indígena.

 

La Hidalguía es fundamentalmente equivalente en todos los lugares, exactamente igual en su aspecto efectivo y rigurosamente equilibrada en su aspecto social. Por ello, quien pretenda establecer diferencias entre ellas está en un error lamentable de apreciación, ya que, con denominación distinta, la realidad práctica es virtualmente idéntica en sus líneas esenciales  y en sus valores positivos.

 

La Real Chancillería de Valladolid por auto de 10 de noviembre de 1736, con publicación en 16 de diciembre del mismo año, establece la obligatoriedad de la realización de Padrones a Calle Hita, dentro del ámbito jurisdiccional de la Sala de los Alcaldes de los Hijosdalgos, con una periodicidad de siete años, a fin de distinguir perfectamente los estados y clase social de los empadronados que  "tuviesen vecindad", o que "estando ausentes la mantuviesen por razón de su hacienda", " dando a cada uno con claridad y distinción el estado que les corresponde, sin dejar alguno por dudoso, poniendo al pechero por pechero, al hidalgo por hidalgo, al clérigo por clérigo, al exempto y al privilegiado por tal" Todo ello a fin de evitar la confusión entre los estados sociales, que podía originar la supresión. Agrega con solemnidad "tengan los Nobles asegurada la Justificación de su Nobleza, y no se atrevan los del Estado General a introducirse y mezclarse en el estado que no les corresponde".

 

Los padrones constituyen en sí mismos una fuente documental primaria de carácter histórico y naturaleza administrativa, emanados de la autoridad pública, de primer orden. Su nombre deriva del latín "patronus" y son una lista o nómina realizada en los pueblos con intencionalidad fiscal, en los que se anotaba a cada uno de los vecinos con distinción de su estado, ya hidalgo (noble) ya pechero. Tal intencionalidad traía consigo, como decimos, el que se hiciera distinción expresa entre los hidalgos o nobles, es decir, entre los exentos y privilegiados de ciertas cargas fiscales por un lado, y los pecheros o del "estado llano" o "general", obligados a pagar, por el otro.

 

Es, por lo tanto, la inscripción en los citados Padrones una de las pruebas más importantes para la demostración de la posesión de la hidalguía, y referencia casi obligada en los expedientes de Información de Nobleza, en los instruidos a fin de otorgar Estado Conocido a un solicitante, o en los Pleitos de Hidalguía. Pero no son las únicas pruebas que indican nobleza..

 

Es cierto que la voluntad de la Real Chancillería era que se realizasen cada siete años aproximadamente; pero esto no se llevo a cabo en gran cantidad de ciudades, pueblos, y cotos de Cantabria.

 

Como se puede apreciar del análisis de los padrones, los empadronadores, fiel reflejo de la mentalidad social de la época serán recelosos y sumamente cuidadosos de anotar a cada uno en su estado, precisando incluso la naturaleza de tal hidalguía, aclarando en muchos casos si la tal hidalguía es notoria y de sangre, ganada por privilegio o probada por real carta ejecutoria.

 

La importancia de tal distinción era enorme pues no podemos olvidar que el disfrute de la condición hidalga implicaba privilegios no sólo en el orden fiscal, sino también en el orden jurídico como inviolabilidad del domicilio, la de ser juzgados por sus pares, no sufrir tormento, o no experimentar embargos por razón de deudas (si no eran al rey); libertad para prestar vasallaje a quien quisieren; libertad para ocupar cualquier cargo u oficio, desde el más modesto al más encumbrado; transmisión de la hidalguía, por vía de varón, por la sangre, sin ningún otro requisito; no poder perder su cualidad de hidalgo por ningún motivo; además a esto se sumaba la exención de tributos personales tales como no tener que soportar alojamientos de tropa y, en fin, una casi exclusiva posibilidad de acceso a las magistraturas municipales.

 

Pero ser hidalgo significaba mucho más, no debemos olvidar que al intensificar la inquisición su actividad de persecución de los falsos conversos se hacía importantísimo no ser sospechoso de descender de judío, converso o morisco y para ello nada mejor que la "pureza de sangre", nada mejor que ser descendiente hidalgo de linaje, de "cristiano viejo". La Sociedad estamental de la época admitía mental, jurídica, política y socialmente que unos hombres no eran iguales a otros y que el privilegio constituía precisamente la cualidad distintiva. Ya desde las partidas de Alfonso X el sabio la doctrina relativa a la hidalguía venía reconociendo al solar conocido, al linaje, a la sangre, el distintivo en exclusividad de la marca nobiliaria. De ahí el interés no sólo económico sino también de rango y preeminencia social que implicaba la hidalguía; en este sentido - tal como lo veremos más adelante, con algunos ejemplos de pueblos montañeses - no fueron infrecuentes las controversias suscitadas sobre preferencia en los asientos de la iglesias, en la procesiones, y por otras razones, que dieron lugar a que salieran a relucir las armas.

 

La sociedad española de la metrópoli o la de los Virreinatos era extremadamente protocolaria y muy estratificada. El linaje era un importantísimo baremo de referencia, la familia ampliaba su referencia a algo más amplio, como el clan, en todos los niveles sociales comenzando por la Corona, evidentemente.[7]

 

A esta altura es necesario, deshacer un mito que se ha creado con la creencia que el hidalgo es el noble rico y que con él estaba reñido el trabajo, de tal modo que sólo se dedicaba a la carrera de las armas o de las letras y no podían dedicarse a otra. Escuchemos lo que al respecto dice el gran historiador y genealogista cántabro Don Mateo de Escagedo Salmón: "este es un error clarísimo, que me recuerda lo que a mi me sucedió visitando una casa de nobles escudos.  Estaba yo admirado de encontrar así un solar de los Obregones, en el que había sido en su origen de Ceballos, y copiaba con calma el escudo de aquellos: partido en pal: una mano cortada y sangrienta y una rueda Catalina", cuando salió el inquilino, y con la mejor buena fe, me dijo: ¿Está Ud. copiando la mano y la rueda?... Ya sé lo que significa; me dijo el amo: la mano significa la amistad y la rueda la fortuna."

 

Para continuar agregando el Abad Escagedo: "Textual lector amigo: El dueño de aquella casa, en la que recayeron grandes mayorazgos, persona por otro lado, con instrucción y no pobre, no sabía que los escudos de su casa indicaban la nobleza de la misma; algunos creen que los escudos no valen lo que costaron las piedras (...) lo mismo sucede con muchos que piensan que la nobleza, la hidalguía está reñida con las artes mecánicas, y esto ni es cierto ni lo fue nunca, por lo menos en nuestra provincia, en que los hidalgos eran carpinteros, albañiles, canteros, marineros ... porque estos y otros oficios semejantes no estuvieron reñidos en Cantabria con la hidalguía."

 

La misma tesis sostiene García-Oliva en "Los Oficios Mecánicos en la Nobleza  Montañesa"[8],  quien afirma que la diferenciación entre profesiones permitidas o vedadas a los nobles es un concepto que nunca se conoció entre la nobleza  que vivió en los valles y jurisdicciones que hoy forman la provincia de Santander. Para agregar de manera contundente, que esto no fue óbice - aun contra lo que algunos afirman - en ninguna parte de España y esto con mayor razón si se trataba de nobleza de sangre. Sólo se exigió esto para el ingreso en la Ordenes cuyos estatutos exigían la "limpieza de oficios", pero que estas mismas Ordenes, en las que no ingresaba quien ejerciera oficios mecánicos y que exigían para la obtención de su hábito cierta solvencia económica, no pusieron nunca inconveniente para que se cruzase caballero cualquier montañés cuyos padres o abuelos hubieran ejercido oficios mecánicos. La insistencia en la limpieza de oficio se impuso después del primer tercio del siglo XIX y como consecuencia de la desaparición de la distinción de estados, lo que trae aparejado, el olvido de la legislación nobiliaria, que origina la lenta pero sustancial desfiguración del concepto de nobleza, la cual queda reducida al patrimonio de un grupo pequeño de personas, que ligaron al concepto de areté de sangre el económico.

 

Sin embargo, existía otra nobleza que pudiéramos denominar estrictamente política, es decir, que se había recibido documentalmente del rey y que incluía a un individuo en el estamento nobiliario como premio de servicios o simplemente como compradores (los llamados grandes hacendados) de alguna de las distintas ofertas de títulos, cargos o distinciones que realizaba la corona como sistema rápido de allegar recursos. No era ésta pues una hidalguía de linaje.

 

Diego de  Valera, en su obra "Espejo de verdadera nobleza",  escribe que "puede el rey facer caballeros, más no fijosdalgo"[9]  La razón de esta afirmación es bien clara, pues el fijosdalgo o hidalgo se apoya en la ascendencia, en ser hijo, de quien tenía tal aprecio y ejercicios de derechos por herencia o linaje, mientras que el caballero partía de su mérito propio presente, lo que hizo que se le reconocía como un hidalgo no de sangre, calidad que tendrían sus sucesores.  Esto es tan evidente que en algunas provisiones reales, en especial las que se refieren a las "nuevas poblaciones", aunque se equiparen allí a caballeros y a hidalgos, no se les confunde.

 

En este sentido hay que entender  los títulos nobiliarios, como una manera de perpetuar el linaje con un título, pues no era suficiente con amasar una fortuna ( las mayores no estaban en España sino en América), era necesario el ascenso social máximo, en especial cuando el protagonista provenía de un origen social humilde como fue muy común en  la América española.[10]

 

Javier Gómez de Olea y Bustinza en su conferencia "Formación y Significación de la Nobleza Indiana"[11]  Establece una tipología de esta nobleza,  partir del mérito con que era otorgada. Un primer grupo compuesto por los conquistadores, los pobladores, los gobernadores de las zonas fronterizas y, curiosamente, también el de los conquistados. Un segundo,  el de los grandes funcionarios de la Corona que desempeñaron sus carreras meritoriamente tanto en Indias como en la Corte en puestos relacionados con las posesiones de América. En tercer lugar un gran grupo es el de los militares y marinos que defendieron la causa del Rey en las numerosas guerras de aquellos años contra los enemigos de España. El cuarto y típico grupo fue el de los hacendados americanos, muchos de ellos inmigrantes de la Península y enriquecidos rápidamente.

 

Existía también la nobleza de ejecutoria que exigía un conjunto de pruebas, casi siempre circunstanciales que permitiesen su inclusión en tal estado de hidalgo.  La mayoría de estos pleitos, pero no todos, se litigaban en la Real Chancillería de Valladolid[12]; al lado de ésta figuraban las Reales Audiencias de Granada, Oviedo, etc., con facultad para ver en estos expedientes de nobleza.

 

La prueba de Hidalguía notoria era necesaria, por cambio de residencia, para ingreso en Corporaciones, para impetrar una merced nobiliaria, para contraer matrimonio, los titulados y finalmente para comprar un título.

 

Hay muchos documentos y/o expedientes en relación con la "probanza de Hidalguía", que tienen como finalidad: referirse a la  hidalguía de ciertas personas, pero no todos tienen el mismo valor ni prueban lo mismo.

 

A veces aparecen como "Real Carta Ejecutoria de hidalguía", otras en una "Real Carta de Vizcainía"; algunas otras, en una "Real Provisión de un mismo acuerdo"; muchas otras, en una "Información  ad perpetuam rei memoriam", tramitada ante la Justicia ordinaria de la residencia del solicitante; otras veces, en unas pomposas "certificaciones o Informaciones" expedidas por unos titulados "Reyes de Armas"; por último, en los llamados "Memoriales, Nobiliarios o Historiales" de Casas, linajes, familias o estirpes.

 

Es evidente, que el solo enunciado de estos actos nos muestran la variedad de tales expedientes y documentos y presagian de su complejidad, lo que nos anuncia que no pueden ofrecer la misma eficacia.

 

Y así es en realidad. Muchos no tienen eficacia alguna, con relación a la Hidalguía que pregonan. Sólo aquellos expedientes o procesos que son resueltos por las Cancillerías, en juicio petitorio o posesorio de hidalguía, o por Real Provisión, tienen verdadera eficacia probatoria, con trascendencia a los Padrones de estado.[13]

 

En Cantabria,  los naturales de las Asturias de Santillana o Provincia de Nueve Valles disfrutaban igualmente de un Real Privilegio que les permitía hacer patente su nobleza e hidalguía sin necesidad de acudir a la Real Chancillería citada. Así pues, los archivos de los antiguos Valles y Concejos, hoy desaparecidos en gran parte, guardaban celosamente un número considerable de estos testimonios de nobleza; prueba plena de hidalguía para los descendientes de quienes los consiguieron.

 

Don Mateo Escagedo y Salmón, escribe: " Pintan señores, a los montañeses antiguos yendo a la Audiencia de Burgos con un paraguas debajo del brazo y un rollo de papeles en la mano, para indicar que nuestros antepasados fueron grandes litigantes, defecto que no fue solamente montañés  sino ocupación favorita de muchos hidalgos de los siglos pasados,  pero lo que más litigaron los montañeses no fue la hacienda, porque ellos ponían como los Cos  la hacienda por la honra y la honra por el alma, ni tampoco fue en Burgos donde sostuvieron las más reñidas luchas jurídicas, sino en la Chancillería vallisoletana."[14]

 

El archivo de las ordenes militares, (en el que se custodian más de quinientos expedientes de montañeses), junto con el de Valladolid, Granada y Simancas, los antiguos protocolos de los notarios, los padrones de hidalguía y los libros parroquiales, han de ser los ejes sobre los que ha de girar el genealogista montañés.

 

Tenemos entonces, que la definición de la Hidalguía está estrictamente ligada al origen de los antecesores mediante las correspondientes pruebas nobiliarias. Pero ¿cuál será el origen primitivo de la primera Hidalguía?

 

En este trabajo intentaré  hacer un estudio de estas características y del origen de la Hidalguía, bajo el prisma de los más actuales estudios históricos, basados en documentos fehacientes y en estudios arqueológicos publicados en los último años y sobre todo en la tesis que al respecto desarrolla D. Bernardo de Mirones Morlán, quién hace de la libertad individual el origen de la hidalguía.

 

Para ello será necesario, desarrollar algunos elementos de historia, que sitúen al pueblo cántabro dentro de la historia de España.

 

Breves elementos para una descripción histórico-social del pueblo cántabro.

 

Exponer la tesis que el origen de la hidalguía es la libertad individual que el pueblo cántabro fue construyendo a través de su historia supone, dar algunos elementos breves históricos y sociales de los diferentes pueblos que ocuparon la península Ibérica.

 

Si tenemos en cuenta fijodalgo o hidalgo es un término y una calidad que se comenzó a aplicar exclusivamente en el reino castellano-leonés, y dándose la circunstancia que los limites histórico-geográficos son, según la actual investigación histórica, la zona comprendida por el valle del Sella, más la actual provincia de Santander, parte del occidente de Vizcaya y el norte de la provincia de Burgos, y que fueron territorios ocupados por los antiguos cántabros, y por otro lado el resto de Vizcaya, la parte norte de la actual provincia de Álava, con la inclusión del valle de Orduña y las comarcas del Deyo y Berrueza, de Navarra, que fueron zonas ocupadas por los vascones, veremos posteriormente que las únicas zonas libres de la ocupación mahometana, y que tampoco fueron dependientes, salvo de forma temporal, de la dominación romana y visigótica, son precisamente los lugares donde se originó el movimiento que posteriormente se denominará "Reconquista", y también los sitios donde la hidalguía tuvo un carácter casi universal y en que la excepción era el ser pechero.

 

El mapa de la Península Ibérica, siguiendo lo que nos trae Julio Caro Baroja en su libro "los pueblos de España" en la zona que nos interesa, en tiempo de los romanos y de acuerdo a la crónica de Estrabon,  era el siguiente:

 

En el occidente:  Los galaicos, divididos en :  a) bracarenses:  ocupaban Braga y b) los lucenses: la actual Galicia, menos la actual provincia de Orense y el sur de Pontevedra

Al este de los galaicos: los astures: gran parte de León y en especial el norte, además la actual provincia de Asturias hasta lindar con el Valle del río Sella.

 

Vecinos de los astures: los cántabros: desde el Valle del río Sella hasta las tierras de Laredo y Santoña y sierra de Tracia por el oeste. Por el sur desde Amaya hasta las riveras del río Cea.

 

Lindante con los cántabros y casi iguales étnica y socialmente, los austrigones: que ocupaban el extremos occidental de las actuales provincias de Vizcaya y Álava, así como el norte de Burgos hasta Bribiesca y la zona oriental de Santander (Castro, Encartaciones, etc.).

 

Al este de los austrigones, los caristios:  ocupando la mayor parte de Vizcaya y Guipúzcoa y la parte norte de Álava, en la zona comprendida entre los ríos Nervión y Deva.

 

 Lindando con éstos estaban situados los vardulos:  que ocupan el territorio comprendido por el río Deva, San Sebastián y la denominada sierra de Cantabria, al sur.

 

Por último los denominados vascones:  ocupaban la parte oriental de Guipúzcoa, la actual provincia de Navarra y toda la zona norte de Huesca, hasta cerca de Zaragoza y parte de la provincia de Logroño.

 

De estos pueblos, los cántabros y vascones tenían unas características de vida similar, pues eran eminentemente ganaderos y dependían de la recolección de los frutos de los árboles en especial de la bellota y castaña y de los prados. Su economía, por tanto, era muy pobre, obligándoles a la emigración o a efectuar correrías por los otros pueblos de la meseta para complementar sus escasos alimentos.

 

Muy estimados como soldados, en especial los Cántabros, se dio la circunstancia de que los romanos, que fueron los que más los combatieron, no tuvieron nunca inconveniente en reclutarlos para sus ejércitos, aunque procuraban desplazarlos fuera de la península Ibérica, pues en estas circunstancias era celebre su entrega y honradez al servicio de quien les mandara.

 

En sus valles de origen, y para defenderse, practicaban la guerra de guerrilla, ejercitándola con mucha pericia, pero nunca pudieron ir a la formación de grandes ejércitos, dadas sus características sociales de carácter tribal, y sobre todo muy individual, pues la población de los Cántabros y vascones se encontraba (y se encuentra) muy desparramada por los valles y montañas con poquísimas comunicaciones, lo cual originó que las relaciones entre los diversos valles fueran muy difíciles. Ello daba lugar a que la guerra la hiciera normalmente la tribu y en muy escasas ocasiones se formaran confederaciones tribales para la defensa del territorio.

 

Esta característica geográfica dio como consecuencia la existencia de un exacerbado individualismo, sólo moderado por la familia o la tribu, y que posteriormente dio lugar a los Concejos. Por ello fueron tan partidarios de la guerra de guerrillas, y muchas de sus tácticas guerrilleras fueron copiadas también por lo romanos, que las emplearon en algunas circunstancias muy comprometidas del  Imperio.

 

En los territorios de los cántabros y también de los vascones  se daban unas condiciones sociales y económicas, sociales y religiosas totalmente distintas a las correspondientes al resto de Hispania, y Roma carecía del poder suficiente para controlarlos e imponer sus leyes, lo que hizo que estos dos pueblos se vieran favorecidos en su autonomía e independencia, aumentando la misma y no viéndose afectados por las sucesivas invasiones de los pueblos del norte de Europa, tanto los suevos, vándalos o visigodos etc.

 

 

LOS VISIGODOS

 

Que los cántabros y vascones no fueron nunca sometidos por los visigodos es algo actualmente admitido de forma unánime por la más moderna doctrina histórica.

 

No es tarea fácil reconstruir la historia del pueblo cántabro en época de los visigodos, sin embargo siguiendo  lo que dice la más moderna investigación histórica, es posible hacer una reconstrucción de lo ocurrió en los siglos VI y VII d. De C.

Esta reconstrucción según los autores[15] consultados se basa en los escasos documentos de la época como en crónicas, además de algunos estudios arqueológicos y el estudio numismático de las cecas de los visigodos.

 

A partir de allí podemos deducir:

 

1). Durante el reino visigótico, los distintos reyes intentan una y otra vez dominar a ambos pueblos sin conseguirlo nunca más que temporalmente, como no lo fueron tampoco por los romanos ni por los árabes. Los visigodos , la villa más al norte que lograron dominar fue Amaya, la cual debido a su riqueza, se vio en muy diversas oportunidades saqueada por cántabros en busca del botín. El resto de la zona se encontró libre y administrada únicamente por sus propios Concejos en los territorios que comprendía, principalmente en los valles de la montaña.

 

 

2) En esta época ya está presente otra de las características de cántabros y vascones y que es la emigración;  los hijos varones segundones, por carecer de tierras útiles suficientes para el sustento, lo que hizo que estos hijos varones segundones no tuvieran inconveniente en realizar cualquier tipo de tareas, especialmente las guerreras.

 

3) Tanto los cántabros como los vascones durante estos siglos conservaron, y aun aumentaron, su libertad.  Pero es que no se conformaron con la libertad en sus montañas, sino que existió permanente intención de expandirse hacia los territorios limítrofes, principalmente hacia la cuenca del río Ebro.  Por ello las luchas fueron continuas entre dichos pueblos y sus vecinos y existe una verdadera constante histórica en estos dos pueblos de intentar expandirse, por una  idea de libertad ligada a un deseo de mejorar económicamente lo que los lleva a realizar grandes hazañas.

 

 

 

Los Musulmanes

 

Los Musulmanes invaden España y la conquistan salvo los enclaves de los cántabros y vascones.

 

¿Cuál era la situación de la Península, a comienzos del siglo VIII?[16]

 

Empezando una descripción desde la cúspide social, tenemos que:

 

a) La monarquía visigoda era muy débil por su sistema electivo a través de las clases elevadas y nobles, no existiendo ninguna regla fija sobre la forma de elección, Y así, a veces, algunos reyes trataron de vincular a sus hijos y descendientes al trono, pero las demás personas nobles del reino no se mostraban de acuerdo y por ello las intrigas, muchas veces sangrientas, en torno a la sucesión eran constantes.

b) La clase noble estaba compuesta por hombres libres, solamente unidos a la persona del rey, sin  ninguna vinculación entre sí, lo cual daba poca cohesión al ejército que se podía formar y lo hacía tan débil como la misma autoridad real, pues aunque en teoría,  los hombres libres estaban obligados a tomar las armas en caso de peligro para el rey o el reino y previa convocatoria del mismo, cada vez encontraron los reyes mayores dificultades para reclutar un ejército en debidas condiciones.

 c) La clase de los hispanos romanos libres, poco o nada vinculada a los visigodos, continuadores del espíritu romano, personas apegadas a su tierra y que no tenían ningún deber militar con el poder real, del cual se sentían discriminados y, por tanto, poco propicios a la defensa de unos intereses que no eran los suyos, y sin embargo, bien dispuestos al cambio de un poder anárquico por otro más estable y duradero.

d) Los campesinos en régimen de servidumbre, sucesores de los antiguos colonis romanos, que vivían en condiciones míseras y muy duras y cuya situación económica era más bien infrahumana.

 

La vida urbana, que tuvo bajo el Imperio Romano un auge considerable, fue decayendo completamente bajo los visigodos, perdiendo casi todos sus privilegios municipales, esto debido principalmente al carácter más bien tribal y a la incapacidad de estos de apreciar los beneficios del comercio y de la vida urbana.

 

Entonces podemos decir en síntesis, que las causas esenciales de la debilidad del reino visigodo fueron las siguientes:

a)     División de las clases elevadas para la sucesión al trono.

b)    Dudosa fidelidad del ejercito.

c)     Descontento de todas las demás clases sociales, que no se sentían integradas en el régimen visigodo y, muy al contrario, se sentían oprimidas.

 

El año 711 de nuestra era, Tariq, con una expedición compuesta por unos siete mil hombres cruza el estrecho de Gibraltar, llamado por una fracción de los visigodos, seguidora de los hijos de Vitiza y que luchaba por el poder contra el rey Rodrigo.

 

El resto es conocido, este que se encontraba en Norte combatiendo a los vascones y el 19 de Julio de ese año es derrotado y muerto en río Barbate.

 

Durante siete años de lucha los musulmanes fueron ocupando la Península incluida la actual provincia de Asturias salvo, los territorios cántabros, al oeste del río Sella; los territorios  vascones, Marca Hispánica y las sierras de la Demanda y de Cantabria, en La Rioja (territorios estos que se suponen fueron ocupados por los cántabros), es decir todas aquellas zonas, que por las razones antes expuestas podemos considerar inaccesibles, además que históricamente habían sobresalido por su libertad y despego a cualquier poder central.

 

El origen de los Reinos de Asturias y Castilla.

 

Lo que nos interesa resaltar en este punto son dos cosas:

a)     que el territorio en el que se sitúa el primitivo reino astur, es el mismo que el ocupado por los cántabros en época romana y que entonces los primitivos reinos de Castilla y Asturias se formaron, en las regiones poco romanizadas y no sometidas al dominio del reino visigótico de Toledo.

b)    que aunque  es cierto que los godos se refugiaron en las montañas de Santander, fueron los cantabros y no los godos los que comenzaron la llamada Reconquista. Es una tradición bastante más tardía, la sustitución de los cántabros por los godos.

 

Con respecto al primer punto podemos decir:

 

Hay que hacer notar, que lo que conocemos como el primitivo reino astur, de acuerdo a las modernas teorías históricas, basadas en las crónicas altomedievales, sitúan el nacimiento de este reino en una región que durante la época romana fue habitada por los cántabros. Al hablar de este reino parece muchas veces  que se identifica al núcleo originario en la actual provincia de administrativa de Oviedo, la moderna Asturias, sin embargo las cosas son diferentes. Su núcleo se encuentra en lo que eran territorios cántabros.[17]  Lo que ocurre es que ha habido una sustitución de los cántabros por los astures, sustitución que no debe entenderse en su sentido étnico estricto, sino geográfico ya que el territorio de este primitivo reino corresponde al territorio ocupado por los cántabros en la época romana.

 

Esto se deduce claramente de la Crónica de Alfonso III en los párrafos que dedica a Alfonso primero, en que nos proporciona los límites que tenía su reino y se ve que coinciden exactamente con el territorio ocupado por los cántabros en la época romana.

 

Esto es esencial para entender la tesis que entre la universalidad de la hidalguía del pueblo cántabros y la libertad individual hay una identidad, que dicho reino surge en un espacio en que se concentraban los núcleos originales de cántabros y vascones y primitivos astures de la cuenca alta del río Sil, que siempre fueron territorios independientes del poder central, sólo sometidos a los vínculos familiares y concejiles, salvo cortos periodos de dominación y estos son los focos de la hidalguía, donde toda la población, salvo excepciones,  eran hidalgos, y precisamente de estos hidalgos salieron, en sucesivas oleadas de emigración de segundones de las casas solares de las regiones, a formar nuevas familias en los terrenos que ocupaban en el resto de la Península Ibérica y donde el número de hidalgo va en proporción inversa al aumento de la distancia de separación de estos focos.[18]

 

 

En lo que respecta al segundo punto:

 

1)     Algunos godos nobles, en especial los seguidores de don Rodrigo, una vez que se sella la derrota de éste, se refugian en los territorios cántabros y vascones. Sobre esto, parece que no hay duda histórica.

2)     Este hecho, no tuvo la importancia que se le atribuye en el nacimiento de los reinos cristianos en el Norte de la  Península. Esto se deduce de la más recientes investigaciones históricas.

 

a)     Pelayo, primer rey asturiano, no era un príncipe godo, según se sostiene a luz de las teorías históricas modernas. Era un jefe local de la región cántabro-astur, región que nunca fue dominada por los reyes de Toledo. La prueba de esto es lo que se deduce del documento más antiguo conocido, la llamada Crónica Albeldense, en la que se lee: "Pelayo fue el primero que se puso al frente de la rebelión contra los musulmanes en Asturias y que las derrotas infligidas a los sarracenos  devolvieron la libertad al pueblo cristiano y así nació el reino de los astures por providencia divina".

b)    Los historiadores Barbero y Vigil[19],  hacen notar que en dicha crónica no se hace ninguna mención a los godos; se habla de  astures identificados con los cristianos los que derrotan a los árabes y en la Crónica Rotense, Pelayo es elegido príncipe por todos los astures reunidos en asamblea, no interviniendo en esta reunión ningún godo.

c)     Es posteriormente y, en crónicas más recientes, cuando se empieza a cambiar estas denominaciones de astures por godos, y así en la Crónica profética, redacción ovetense del año 833, ya resulta que Pelayo es de sangre goda regia y los astures que lo elegían como príncipe son sustituidos por la alta nobleza goda.

 

Entonces,  y siguiendo el juicio  de los autores que acabamos de citar confluyen dos tradiciones:

 

a)     una primera y local, sin interferencias godas, según la cual Pelayo, que se encontraba en Asturias antes de la llegada de los musulmanes, fue elegido príncipe de los astures, y el reino astur, identificado con los cristianos, la novedad en esto es que Pelayo no descendería de los godos. En un documento de Alfonso II del año 812, en el cual se hace un breve resumen de la caída del reino godo y de los primeros años del reino asturiano, se dice que el reino de los godos terminó con Rodrigo: que Pelayo, protegido por Cristo, fue elevado a la dignidad de príncipe, y que con sus victorias defendió a los cristianos y a los astures. En el documento de Alfonso II se encuentra la tradición "local" acerca del origen del reino de Asturias que no hace a Pelayo descendiente de los godos y que identifica a los astures y a los cristianos, sin hablar de los godos. Es la misma forma en que se manifiesta esta tradición, especialmente en pasajes de la Crónica Albeldense y de la versión "Rotense". Esta tradición local se fue debilitando, y por el contrario la opinión que entroncaba a Pelayo y al reino de Asturias con el reino godo de Toledo se fue reforzando progresivamente ...

 

b)    la segunda (tradición más reciente) tiende a hacer de Pelayo un noble godo de sangre real refugiado en Asturias a causa de la invasión musulmana, elegido príncipe por la nobleza goda, que restauraba así la antigua monarquía de Toledo y reparaba la derrota infligida a los godos. La tradición "progoda" parece más tardía y haber sido aceptada y propagada en el reinado de Alfonso III.

 

El acceso de Pelayo al poder, ateniéndonos a la tradición que llamamos "local" y que se encuentra también en el diploma de Alfonso II, fue por elección exclusivamente de los astures, reunidos en asamblea... De todas formas, los cántabros independientes en la época visigoda, tenían asambleas y jefes llamados "duces", lo cual quizá aluda a su condición militar. La crónica de Albelda dice simplemente que Pelayo fue el primero que asumió la rebelión contra los sarracenos, sin hablar de elección, y el documento del 812, que fue elevado a la dignidad de príncipe. En todo caso, lo que hay que poner de relieve es que en esta tradición "local" no se recurre a la condición de godo de Pelayo ni a la intervención de los godos en su toma de poder.

 

Respecto de Alfonso primero existe la misma tesis de que los godos no intervinieron en su elección y que ni tan siquiera existían como estamento de la corte de éste.  Alfonso I, duque de Cantabria, región que se gobernaba por medio de  behetrías, tuvo que ser necesariamente de gran prestigio y arraigo en la Montaña. ¿Pudo tener este prestigio no siendo montañés sino godo? Los cántabros jamás transigieron totalmente con los invasores. Los godos influyeron relativamente en esta región, cada rey que subía tenía que vérselas con las gentes del Norte, nunca tranquilas y apaciguadas del todo.

 

Parece contundente entonces la tesis que los godos nunca llegaron a integrarse en masa en los pueblos cántabros ni vascones y aun menos que fueron raza dominadora del norte de la Península y autores de la hazaña de la fundación de un imperio. Esto fue obra única y exclusivamente del genio de estos hombres norteños, primitivos, audaces, valientes e inteligentes, y no de ningún godo o visigodo. Esta "tradición" surge más tardíamente para ennoblecer a los grandes personajes del reino haciéndoles visigodos.

 

El régimen de libertad que gozó el primitivo pueblo cántabro, tuvo como origen el régimen de Behetrías, y estás se transformaron luego en hidalguías. Es interesante observar que cuando por razones histórica el pueblo cántabro tuvo que pedir protección al rey contra las ambiciones de algunos señores, que se iban haciendo cada vez más poderosos, perdieron con esto el rasgo fundamental de la behetría, la elección superior, pero no los demás elementos  de ella, como son el régimen municipal y el concejo abierto;  los hidalgos siguieron eligiendo su concejo lo mismo que antes y del mismo modo conservaron el gobierno económico-administrativo.

 

Se establece entonces una equivalencia que podría traducirse en que el ser hidalgo y el ser hombre libre es lo mismo; que en los siglos que siguieron a la invasión árabe solamente pudieron ser nobles los hombres libres y viceversa.

 

Si echamos una mirada a lo que ocurría en el resto de Europa, donde el sistema feudal era cerrado y en el que las clases sociales eran prácticamente inmóviles, podemos observar que las élites las formaban principalmente los nobles, cuya cualidad más esencial era la libertad total. Estos nobles europeos, aunque prestasen vasallaje a otro señor eran libres para poder romper tal vínculo mediante actos formales establecidos por los usos y costumbres de los lugares y ratificados por las normas de los soberanos. Entonces, la grandeza de ser noble era su libertad frente a todos, menos frente al Rey, y en cierto modo, aun frente a éste, para poder vincularse en vasallaje a quien quisiera y cuantas veces quisiera, permaneciendo totalmente libre.

 

Esta característica de total libertad la tuvieron siempre los hidalgos, libertad reconocida por usos, costumbres y las normas más antiguas, desde las Siete Partidas

 

¿Quienes eran libres los siglos VIII y IX en la Península Ibérica?

 

Los pocos nobles de los reinos mahometanos y todos los astures, cántabros y vascones de sangre legitima, descendientes de aquellos que lucharon contra Roma, contra los visigodos y los árabes.

 

Y como sostiene Mirones Morlán,  los astures cántabros y vascones, de sangre legitima, fueron hidalgos. Y lo fueron en un porcentaje del 100 por 100 en Vizcaya hasta un mínimo del 60 por 100 en la zona de los antiguos astures agustanos.

 

¿Cómo es posible entender esta cantidad de nobles o hidalgos si no es como consecuencia inmediata de la existencia de unas razas completamente libres y con características similares a las que configuran en el resto de Europa las clases nobles?

 

La teoría de que unos nobles godos huyendo de la invasión mahometana se refugiaron en las montañas y se hicieron padres de todos los hidalgos es insostenible.

 

Escuchemos las razones que da el mismo autor:

 

1)     No se entiende que unas personas que no pudieron dominar antes estas tierras, una vez derrotados fueron capaces de someter a unos individuos que nunca se sometieron.

2)     El carácter vergonzante del que huye de unas miserables tropas invasoras (menos de 20.000 hombres) no casa o concuerda con la posibilidad de que luego unas tribus indómitas se sometieran a su autoridad.

3)     Genéticamente es imposible que la masa de hidalgos que existían en el siglo XV en las zonas norteñas y que era de un porcentaje medio superior al 80 por ciento de la población, descendieran de unos escasos godos que huyeron del poder mahometano.[20]

 

 

 

 

Porcentaje de Hidalgos:

 

Damos a continuación un cuadro con los porcentajes de la distribución de los hidalgos en España en el siglo XVIII. Estos porcentajes son ciertamente muy aproximados, pero a la vez muy reales.

Reino  Galicia.........................15%

Principado de Asturias...........50%

Cuenca alta del río Sil............80%

Provincia de León restante ....50%

Cantabria ...............................90%

Burgos y Palencia...................40%

Señorío de Vizcaya...............100%

Guipúzcoa y Álava.................90%

La Rioja..................................60%

Reino de Navarra....................80%

Zona de Huesca......................80%

Zona de Zaragoza...................20%

Zona de Teruel.......................15%

Condado de Cataluña.............10%

Zona de Castilla la Vieja y la Nueva..15%

Reino de Valencia....................5%

Extremadura...........................15%

Reino de Murcia.......................8%

Andalucía.................................5%

 

Este pequeño mapa porcentual nos da una idea de cómo los hidalgos, aquéllos que hemos descrito como hombres libres, nobles de linaje y segundones se van implantando en aquellos territorios que poco a poco van ganado a los árabes.

 

Como ya hemos dicho las bellas tierras del Norte, eran escasas y pobres y esto hace que tengan que expandirse para ganar su porvenir.

 

Al parecer, según algunos autores los territorios que se encontraban por la cuenca del Duero, estaban casi totalmente despoblados.  Todo parece indicar que cuestiones de orden climático desanimaron a bereberes, pueblos mahometanos del norte del Africa, etc.

 

En aquellos territorios conquistados por los cántabros quedaban algunos bereberes o posteriormente mozárabes, los cuales pasaron a servir a aquellos en concepto de siervos y estos serían conocidos posteriormente como pecheros.

 

El aumento continuo de expulsión de los hombres libre hizo que se rebasaran la frontera del río Duero y se entrara en tierra cada vez más pobladas, con el consecuente aumento de luchas para ocupar los nuevos terrenos.

 

De esta forma se fue formando una sociedad integrada principalmente por dos clases: a) hidalgos, descendientes de los hombres libres del Norte y b) Los siervos o pecheros, descendientes de los pueblos romanos o romanizados del resto de la Península Ibérica y denominados mozárabes, así como lo pueblos árabes, judíos, bereberes, etc.

 

Así se comprende de forma matemática el porqué de la relación de disminución inversamente proporcional a la distancia a los centros neurálgicos del norte de España en la existencia de los hidalgos.

 

Es decir, cuanto más se diste de los Montes Cantábrico y los Pirineos, la proporción de hidalgos desciende.

Análisis de Padrones:

 

 

En el valle de Reocín no sólo destaca el hecho de un enorme número de hidalgos "notorios", de linaje, de sangre, de casa y solar conocidos, recibida de sus antepasados, sino que también es de destacar el hecho de que mientras para la corona de Castilla a fines del siglo XVI la hidalguía a penas alcanzaba al 10% de la población, el Valle de Reocín el porcentaje de hidalgos superaba el 82,50 % llegando en algunos pueblos, como ocurre en la Veguilla (1588), en Golbardo (1663, 1753, 1765), en Cerrazo (1677), en Caranceja (1753) y en otros casos, a ser el 100% de los vecinos hidalgos. Aún hay más: la media sacada a partir de los padrones de los siglos XVI a XIX de los pueblos del valle de Reocín de nuevo nos confirman este altísimo porcentaje de hidalgos en relación a la corona de Castilla.

 

Golbardo........................................97,54%

Caranceja.......................................96,00%

Cerrazo..........................................91,46%

Barcenaciones................................90,00%

Quijas............................................88,88%

San Esteban...................................88,54%

Villapresente.................................88,28%

Veguilla, La...................................88,00%

Puente San Miguel........................83,84%

Helguera........................................80,92%

Valles.............................................74,67%

Reocín............................................65,06%

 

Otros Lugares:

 

Torres ..............................................  97%

La Barquera ......................................77%

Mijarojos ..........................................93 %

Molledo ............................................94%

Viveda     ......................................92,50%

Barreda.............................................100%

Polanco ............................................100%

Rumoroso ........................................100%

Santillana del Mar .......................91,50%


 

 

 

La hidalguía rural era pobre en gran medida, pero esto no fue nunca óbice para su nobleza, se da el caso de hidalgos que declaran ser "pobres de solemnidad", pero desde luego era la más segura de su condición jurídica; únicamente el 13,20 % de los empadronados son declarados pecheros, constituyendo el porcentaje de hidalgos a través de la media de cuatro siglos un 86,30%.

 

Al lado de esta nobleza, podemos conocer también la existencia de una nobleza local titulada, como es el caso del Marqués de Villatorre y Vizconde de la Cabaña[21], el Marqués de Altamira[22], o el  Marqués de Palomares[23].

 

 

 

La Emigración:

 

Se podría afirmar que emigración de Cantabria a todo el ámbito de la Hispanidad fue masiva. Al decir de muchos estudiosos de este tema la documentación que se guarda en Archivo Histórico de Santander es cuantiosa, sin embargo es imposible cuantificarla, especialmente a las Indias o a Andalucia que suelen los lugares de destino más elegidos por los montañeses, puesto que los vacíos en la documentación no permiten establecer paralelos. El incendio de Santander, acaecido en 1941, hizo desaparecer un buen número de libros del Catastro del Marqués de la Ensenada, además que éste, de cuya fuente nos hemos nutrido en buena medida para la realización del presente estudio, tiene el problema, que sólo aparecen consignados en él, los ausentes cuyos padres los nombraban o vecinos que tenían todavía bienes en el lugar de origen.

 

De todos maneras del Valle de Reocin, del que dispones la mayor cantidad de padrones de siglos diferentes, nos permitirán una aproximación, por el desaparecimiento de ciertos linajes y aparecimientos de otros, lo que da una idea aproximada, pues hay que tener en cuanta que el desaparecimiento de un linaje no sólo se debe a la emigración.

 

Hay que hacer notar, que cada vez que hemos encontrado en los padrones habitantes con la inscripción de "ausente", se trata de nobles hidalgos, algunos  sirven cargos representativos unidos a otros honoríficos honoríficos. Prácticamente no hay linaje que no tenga algún miembro con ausentes ya sea en Indias ya sea en Andalucía. Lamentablemente la información es muy escueta y raramente indican en qué lugar de las Indias se encontraban.

 

 

Natalidad ilegitima: hijos naturales, hijos de clérigos y bastardos.

 

Encontramos esta clase de nacimientos a través de los padrones, especialmente los siglos XVI y XVII, pero también en el siglo XVIII.  En los padrones analizados encontramos que hay hijos de clérigos en Reocin (1592), Barcenaciones (2 en 1633), Quijas (2 en 1633), hijos naturales en Caranceja (3 en 1663), Valles (1588), Quijas (1633), Cerrazo (1677), Helguera (1588) y en San Esteban de Cerrazo (1765), así como también de hijos bastardos, éstos generalmente despreciados y considerados "dudosos" en cuanto a su hidalguía, sin tener en cuenta quizá que la bastardía era una institución muy española: Bastardo fue el hijo de Fernando el Católico que llegó a ser Arzobispo de Zaragoza y bastardo fue también Juan de Austria, hijo de Carlos I.

 

Cómo ejemplo sólo tomaré el que nos refleja el padrón de hidalguía  del lugar de Barcenaciones 1633, en el que se refleja que una tal Catalina Díaz,  viuda de Bernabé Revilla, que ya tenía un hijo con este llamado también Bernabé Revilla, tuvo además un hijo llamado Juan con un clérigo llamado Juan de Bustamante de la Vega, quien ya era difunto en 1633, pero también tuvo relaciones con otro clérigo, llamado Francisco de Agüera (quien figura como cura de Barcenaciones en 1615), fruto de las cuales fue otro hijo llamado Mateo; en definitiva, si la buena señora tuvo tres hijos sólo uno fue  del marido, siendo los otros dos de dos curas.

 

Se puede leer en el libro de Visitas Pastorales de dicha parroquia, que Don Fernando de Andrade y Sotomayor, del Consejo de Su Majestad, Arzobispo de Burgos, dejo escrito y ordenado el 28 de diciembre 1632, bajo pena de excomunión " que los clérigos no tengan mujeres en casa menores de cuarenta años", recordando con esto la doctrina disciplinar del Concilio de Trento.

 

Algunos linajes de Hidalgos, en las Montañas de Santander.

Reocín

El primitivo poblamiento de Reocín, dada su ubicación en altura, gozaba de mucha antigüedad. Desde la misma Prehistoria había conocido la presencia humana, a juzgar por la Cueva llamada de los Osos en el Burco.

Sus minas fueron explotadas ya por los romanos al menos durante el Bajo Imperio, hoy día todo el pueblo ha desaparecido como consecuencia de la explotación de dichas minas de Zinc y Blenda; nada se salvó ni siquiera la bella iglesia de Santa Leocadia.

 

Los linajes de hidalgos del pueblo de Reocin que aparecen a fines del siglo XVI son los Velarde, Fernández, Fernández Caballero, Torre, Barreda, Quijano, Sánchez Bustamante. De ellos los que gozaron de mayor poder local fueron los Velarde, Fernández, Bustamante y Quijano. De todos ellos tenemos noticias bien tempranas.

Merece una mención especial don Francisco Velarde y Cosío, nacido en Reocín, que fue capitán y conquistador y fundador de Arizona en América del Norte en el siglo XVII.

 

La casa Velarde estaba en el barrio llamado "de Arriba" y procedía de la de Santillana del Mar[24] y de ella (de la Reocín) salieron importantes personajes entre ellos don Francisco Fernández Velarde cuyo árbol adjuntamos en el apéndice.

 

 El Lcdo. Don Francisco Velarde era en 1651 Cura beneficiado de Reocín, y esto no sorprende pues este linaje tuvo siempre como patrimonial de su apellido a la iglesia de Santa Leocadia del pueblo, sobre la cual gozaba del beneficio del curato, por lo que al recorrer los libros sacramentales encontramos a varios miembros de este apellido ocupando el beneficio de Cura de Santa Leocadia, ocupando los de este linaje sillas y bancos preferentes en dicha iglesia.

 

Esto indudablemente, generaba litigios producto de las pretensiones sobre los mismos privilegios que eximían otros linajes locales  como el de los Fernández Caballero o el de los Quixano, lo que dio lugar a que en 1709, un pleito terminara con la sentencia que ordenaba que en un banco se sentaran en este orden: primero Juan Velarde y segundo Juan Matías Caballero; y en otro banco: primero Juan Manuel Velarde y segundo los Quijano.

Ver arboles addjuntos

 


 

Torres,  La Barquera y Mijarojos (Parroquia de San Pedro)

 

 

 A pesar que administrativamente estos lugares estaban separados, perteneciendo Torres a la Jurisdicción de Torrelavega, y  La Barquera y Mijarojos a la Jurisdicción de Cartes, los analizaré en conjunto, teniendo en cuenta que se trata de una misma parroquia (San Pedro de Torres) además que al ser colindantes, los linajes de ambos lugares están muy relacionados, como se deduce del estudio de padrones, libros sacramentales y testamentos consultados.

Hoy día los tres lugares se encuentran formando parte del conglomerado urbano de Torrelavega,  la cual es la ciudad del Besaya por antonomasia y para muchas personas y por muchos motivos, es también la verdadera capital de la Montaña.

 

En La Barquera los principales linajes son García de Colmenares, Gutiérrez de Celis, Bustamante y Barreda. En 1752 encontramos empadronado allí a Don Vítores Gutiérrez de Celis,  casado con Doña  María García de Colmenares, quien hace la relación de bienes que tiene Don José García de Colmenares, vecino de la Villa y Corte de Madrid, dónde es oficial mayor del Correo de Castilla. Don Vítores era hijo de Don  Juan Gutiérrez de Celis y Barreda y de Dª Juana Sánchez de Bustamante, vecinos de La Veguilla, el natural de este lugar ella de la casa del Puente San Miguel en la Jurisdicción de Santillana, la que a su vez provenía de la Quijas.

 

En Mijarojos, encontramos a los Fernández Caballero, Carriedo, Campuzano y Ruiz de Bustamante.

 

En Torres,  Alonso y  Díaz de Celis. Alonso al parecer es uno de los linajes más antiguos del lugar de Torres. El solar más antiguo de los Alonso es del Valle de Valdivieso, en Burgos, de donde pasó a Santander. Fue tronco de esta casa Desiderio, sobrino del rey Wamba, godo, que fundó la casa en dicho valle de Valdivieso en el año 672, y son pues éstos de los más antiguos, de España de tal linaje según  J. Atienza.[25]

Los Alonso en Cantabria se asentaron especialmente en las zonas altas de influencia pasiega, tanto en las tres villas como en Ruesga, Carriedo, Soba etc, pasando de allí a la Trasmiera[26].

 

No sabemos cuando llegaron a Torres,  pero ya estaban el siglo XVI y se los conocía como Alonso Velarde o Alonso Velarde de Torres. El siglo XVIII una rama cambia a Alonso Ruiz de Bustamante, por matrimonio en 1731 entre Don Juan Alonso Velarde y Carriedo y  Dª Antonia Ruiz de Bustamante y de la Serna, él natural de Torres y ella de La Veguilla.  El siglo XIX se nombrarán como Alonso Ruiz.

Ver arboles adjuntos.

 

Silió (Valle de Iguña)

 

Quizá el linaje más importante de Silió sea el de Bustamante.  En la Iglesia  románica de San Facundo y San Primitivo, encontramos las armas de Bustamante en varios sitios junto a un enterramiento medieval, en cuyos escudetes se representan las armas del mismo linaje, junto a una inscripción que dice: " AQUÍ YASE JOHAN SANCHES DE BUSTAMANTE, FINO XV DÍAS DE FEBREO AÑO DE MIL TRESCIENTOS XXXX Y DOS AÑOS"

 

Si nos atenemos a los textos recopilados en el llamado "Libro del Becerro", o "Becerro de Behetrías", su origen se remonta a ciertos caballeros heredados en la Merindad de Campóo, concretamente en los lugares de La Costana, Bustamante, Monegro, Órzales, La Riba, La Población, Villapaderne, Lanchares, Renedo, Llano, y Quintanamanil.

Unos autores señalan que los de este apellido, tomaron el nombre del lugar del que procedían (Bustamante); si bien otros señalan que fueron estos citados caballeros y sus descendientes, quienes dieron nombre al lugar, con su apellido.

De lo que también se conservan documentos, es de la constancia de un caballero sobrino de Carlomagno, llamado Don Rodrigo, que procedente de tierras catalanas, levantó el primer solar en el sitio de Quijas, siguiéndole después los solares de Bustamante y Llano; dimanando del de Bustamante, el solar de La Costana, del que se adjunta foto de la "Torre de los Bustamante". Por la planta cuadrada, por su altura, y por su situación, fue esta torre la atalaya del Merino

 

Otro de los linajes que encontramos son los de Theran Quevedo y Theran Pacheco, estos últimos  unidos a los Bustamante por matrimonio de D. Juan de Therán Pacheco con Dª Mariana García de Bustamante y Obregon Collantes. Ambos linajes de Arenas (Valle de Iguña),  cuya casa descendía de la Silió " de gran importancia, cuyos escudos primitivos aparecen en la parroquial de dicho lugar."[27]

 

También encontramos a los Fernández del Campo, Portilla Quevedo y Santa Cruz y por supuesto a los Theran Quevedo y Quevedo Hoyos, de quienes hablaré  en otra oportunidad cuando trate el lugar de Molledo en el Valle de Iguña.

Ver arboles adjuntos

 

Santillana del Mar

 

Se dice que esta villa merece por si sola el viaje a la Montaña. Es sin duda una villa que acumuló tiempo,  la he recorrido muchas veces, en años y estaciones diferentes,  en todos los estados de alma y confieso que nunca he salido de ella igual que cuando entré.  Escondida entre arboledas y pequeñas lomas, aprieta su caserío en dos alargadas y entrecortadas calles, que, almendrándose, confluyen en la soleada plaza a que da fondo la Colegiata. El conjunto de sus edificaciones, la disposición de huertos y jardines, el trazado de sus calles, el color y sonido del aire, forman un monumento único y pleno de vida, en que nos abruma la sucesión de casonas y palacios en que la piedra, la madera y aun el ladrillo producen un maravilloso efecto arquitectónico.

 

Me referiré brevemente, a los linajes, cada uno de ellos merece un trabajo o varios.

 

Los Barreda, linaje principal de Santillana, de él algunos cronistas ponen el origen en la localidad de Barreda en Cantabria, de donde dimanó la casa-torre en la villa de Santillana, siendo su pariente mayor, y primer Señor de la casa-torre, González Pérez de Barreda, que sirvió a las órdenes de los Reyes Ordoño III y Sancho I.

Del tronco originario, dimanaron al paso del tiempo, diferentes ramas que entroncaron con otros tantos linajes nobles de la merindad (Bracho, Cossio, Bustamante, Villa, Tagle, Velarde, Peredo, Polanco, de la Vega, Igareda, Cos, Mier, etc., etc.). Probaron su nobleza numerosísimas veces en diversas órdenes militares, mencionándose en las citadas pruebas, Las armas del escudo correspondiente a muchos de ellos, se conservan en los pleitos y pruebas originales, en muchas casonas de la villa que más abajo mostramos en fotografías. Si bien algunas no son casonas originales de los Barreda, lo fueron por entronque, y de hecho en sus escudos de piedra, cuartelan las armas del apellido correspondiente con las de Barreda.

De la gran relevancia de este linaje, señalaremos solamente que son numerosos los que ostentaron la dignidad de Merino Mayor de las Asturias de Santillana.

Ver arboles adjuntos.

San Pedro del Romeral  San Roque del Río Miera y Espinosa de los Monteros

 

Aunque Espinosa de los Monteros, se encuentra actualmente en la provincia de Burgos, la ubicamos junto a las otras dos villas pasiegas, pues conjuntamente compusieron una sola comunidad. No abundaré en este argumento, pues en un próximo trabajo abordaré esta región de Cantabria.

 

Para hablar de su nobleza, basta decir que de la tres villas pasiegas y de Espinosa, elegían los reyes sus monteros de cámara, que eran los vasallos que más directamente relación tenían con las reales personas, a la guardaban de día y de noche junto a sus cámaras, en turnos de "prima, modorra y alba", desde tiempo "inmemorial".

 

Para este ofició se exigía ser naturales de Espinosa o sus tres feligresías (las villas pasiegas) y "que sean hidalgos de solar conocido de padre y abuelo, y así desde que los dichos oficios se fundaron y hasta agora, han estado siempre y están en personas honradas hijosdalgo y que han vivido y tratándose honradamente como tales, sin haber tenido ni servido oficios viles, ni baxos, ni tener raza de Moros, Judios ni confesos, ni penitenciados por el Santo Oficio por cosas tocantes a la Fé, ni hayan sido traidores a la Corona Real"  Carlos I, publicó una ordenanza en que manda que "los  judíos y Cristianos nuevos no pudiesen estar en la villa de Espinosa mas de un dia natural, aunque sea so color de vender mercancías".

 

Linajes: Arroyo, Madrazo, Ruiz de Toranzos, Fernández Alonso.

Ver árboles adjuntos

Quijas

 

Como otros lugares de Cantabria, también aquí encontramos las evidencias de haber sido habitado en épocas prehistóricas. La existencias de cuevas con pinturas rupestres y restos de cervus elaphus, figuras de uros, bisontes y caballos, lo que comprueba la presencia humana en Quijas, al menos estacionalmente, durante el Magdaliense, es decir, hace ya como mínimo más de diez mil años.

 

Sin embargo en lo que respecta a las fuentes documentales estas son bastante tardías con respecto a otras de Cantabria. Se encuentra una necrópolis medieval que podemos ubicar en la alta Edad Media, lo que nos indica ya la existencia de un poblamiento.

Y la primera mención escrita alusiva a Quijas data de la primera mitad del siglo XIII y procede de una escritura del 27 de abril del año 1236 en el que aparece como testigo un tal Gutier Pérez de "Queijas" (...) fijodalgo de Camesa".

 

Otra fuente documental importante la encontramos a través del Libro de las Merindades de Castilla realizado el año 1352, donde los pobladores de Quijas declaran estar ya organizados para su autogobierno e incluso, nos dan noticias de la estructura del poblamiento, que era polinuclear, pues manifiestan que son dos barrios denominados Quijas y Miravalles, pero que son un pueblo y un concejo. Nos dice también que era lugar de behetría y que por tanto eran libres de tomar o no por señor  a quien quisieren. En aquel tiempo estaban bajo la protección de un poderoso personaje ,Gutierre Fernández de Vivero. Ya en 1392 en una escritura de venta de bienes aparece como testigo un vecino de Quijas llamado Juan Sánchez de Bustamante, hijo este de otro del mismo nombre. A este mismo lo encontramos como Alcalde del Valle de Reocín

 

En Quijas encontramos empadronados a miembros de la nobleza local titulada, como es el caso del Marqués de Villatorre y Vizconde de las Cabañas (Quijas, 1753)

 

" Don Fernando de Bustamante Herrera Riva Herrera Bergaño, Marqués de Villatorre y Vizconde de su villa de las Cabañas y vecino del lugar de Quijas, del valle de Reocín, del estado de caballeros de hijos de algo, señor y mayor de las casas de mi apellido, de edad treinta y ocho años, casado con la señora Marquesa doña María Antonia de Bustamante Alsedo Campuzano Castel Ros y Medrano, tengo dos hijas hembras (...)  tengo un Mayordomo cobrador de mis rentas y administrador y defensor de los derechos y acciones de ellas, llamado Manuel de Campuzano, vecino de este lugar.."[28]

 

No me referiré aquí al linaje sin duda más importante en Quijas, los Sánchez de Bustamante, una variante del linaje Bustamante, lo he hecho brevemente  cuando se trató de la casa de Silió en el Valle de Iguña, pues este linaje ha sido abundantemente estudiado.

 

Entre los linajes nuevos que se instalan en Quijas a comienzos del siglo XIX encontramos el de Liñero, apellido de origen asturiano que al castellanizarse se transforma en Leñero en la tercera generación. Es curioso seguir el iter de esta grafía a través de los padrones como de las partidas sacramentales, donde la i se cambiaba en e y luego era corregida, seguramente a instancia de los interesados, hasta que allá por 1850 termina por imponerse la escritura con e.

 

El origen del apellido está en el lugar de Lliñeru en Villaviciosa donde existió en la edad media un solar, en sus habitantes fueron los Señores de Lliñeru, después Liñero, como se conoce actualmente el lugar. En la actualidad es un sitio de excavaciones arqueológicas.

Ver árboles adjuntos.


 

[1] Bernardo de Mirones Morlán, La Libertad Individual como principio ...

España 1961

[2]  He podido consultar los archivos que se encuentran en los mormones, ya que a pesar que tienen una cláusula restrictiva de no consulta, gracias a una autorización especial de S.E.R Mons. José Vilaplana Blasco,  obispo de Santander (España) he podido consultar desde el CHF de los mormones en La Paz.

[3] Diccionario de la Lengua Española, Decimonovena Edición, Real Academia Española, Madrid 1970.

[4] Mexia de Ovando, autor de la Ovandina

[5] Editorial Revista Hidalguía Núm. 26.

[6] Al respecto es interesante lo que dice la historiadora santanderina Carmen González Echegaray, en la Revista de Cantabria, Nº 78 (1995): "Cuando se habla de este rango [la hidalguía] (...) hay que separar la manía de grandeza (...) acabo de descubrir un caso de una mujer de Apellido Galván en la localidad cántabra de Camargo que manifiesta ser: «viuda, pobre, mendicante e hidalga». Esto quiere decir que la hidalguía no era una condición social propia solamente de los ricos".

[7] Javier Gómez de Olea y Bustinza en su Conferencia " Formación y Significación de la Nobleza Indiana". Madrid 14/03/1995.

 

[8] Mario García-Oliva Pérez, Los Oficios Mecánicos en la Nobleza Montañesa, Tesis presentada para el Curso de Grado de Escuela de Genealogía, Heráldica y Nobiliaria de Madrid. Ediciones Hidalguía Madrid 1961.

[9] Diego de Valera: "Espejo de verdadera nobleza", en Prosistas castellanos del siglo XV, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, t. CXII, pág. 100.

 

[10] Gómez de Olea, opus cit.

[11] Gómez de Olea y Bustinza pus cit.

[12] La Real Chancillería de Valladolid, custodia en el archivo de su Sala de los Hijosdalgo mas de 70.000 fichas de pleitos de hidalguías, constituyéndose de esta manera en el Archivo, el más importante genealógico del mundo, conservando un tesoro monumental para el estudio de los Hidalgos castellanos, de sus pruebas de nobleza, de su mismo vivir.

Pero la importancia enorme del mismo, radica en su documentación genealógica, cuyo número de partidas sacramentales supera en mucho el millón de ellas. Por otro lado sus padrones nobiliarios representan el conjunto más importante conservado de este tipo de prueba nobiliaria.

[13] Manuel Taboada Roca, Conde de Borrajeiros " Probanzas de Hidalguía Antes y Después de 1836", edit. Hidalguía, Madrid, 1991.

[14] Escagedo Salmón,  Mateo. Solares Montañeses, t.I, pág. XVI

[15] Bibliografía:  «Sobre los orígenes sociales de la "Reconquista"», de 'Barbero y M. Vigil; «Cántabros a través de su historia», de J- González Echegaray; «Los godos en España,,). por E. A.,Thompson; «Sobre la libertad humana en el reino astur-leonés hace mil años, por C. Sánchez-Albornoz; «Castilla como necesidad», de Editorial Zero.

 

[16] El año 711 los musulmanes cruzaron el estrecho de Gibraltar.

[17] Ver Abilio Barbero y Marcelo Vigil en  "La organización social de los cántabros y sus transformaciones en relación con los orígenes de la Reconquista.

[18] Bernardo de Mirones Morlán

[19] Abilio Barbero y Marcelo Vigil, "La formación del feudalismo en la Península Ibérica"

[20] Bernardo de Mirones Morlán

[21] Quijas, 1753

[22] Puente San Miguel, 1753

[23] Barcenaciones, 1823

[24] Con respecto a los Velarde se conserva  en Archivo del Ayuntamiento de Reocín, una declaración testifical que dice: " Los que son y se apellidan legitimamente Velardes de toda esta tierra y montañas, descienden de la referida Casa del Cantón y de la Viernoles". ( Información de Hidalguía de Don Juan Manuel Quijano Bustamante (1726), a instancia de su padre, para optar a una beca en el Colegio de los Velardes, en la ciudad de Valladolid.)

[25] J. Atienza. Pág. 116

[26] Mª del  Carmen González Echegaray "Escudos de Cantabria"  pág 76

[27] Mª del  Carmen González Echegaray  op. cit., pág. 18.

[28] Padrones año 1753, AHP Cantabria.


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